Ya casi se puede hablar del final de la primera década del siglo XXI, y mucho ha cambiado desde comienzos de igual centuria.
“El fin de la historia”, un paradigma que hacía pensar que no emergerían potencias y gobiernos adversantes a EE.UU, o de otra forma, que se cuestionara el modelo de “nueva economía” de finales del siglo XX, ha quedado rebasado por procesos políticos en Latinoamérica, los países del BRIC, Irán, o el mismo Japón.
La hegemonía estadounidense labrada en cerca de 70 años esta profundamente socavada con un dólar que viene siendo paulatinamente sustituido por otras monedas en el comercio internacional o como respaldo del sector financiero, como consecuencia de los oídos sordos al llamado a la reestructuración de las instituciones de Bretton Woods.
La ronda de Doha que define la tasa de ganancia internacional, y el destino de las mismas, pese a las insistentes reuniones, sigue trabada, mientras el comercio se establece bilateralmente entre los estados, siendo esta la estrategia que más favorece a las potencias mundiales y regionales emergentes.
En Latinoamérica mientras con lentitud avanza el Mercosur, con proyección ya en Unasur, el Caribe, y Centroamérica, el ideal estadounidense del ALCA quedo sepultado por la historia.
Ahora bien ingresamos con el siglo XXI a una “nueva era” con la conciencia de que los recursos que se consideraban renovables se volvieron no renovables, y escasean. En la lista ingresan el agua dulce, riquezas derivadas de la biodiversidad, o la tierra para cultivos. Por su parte, como consecuencia en el incremento de costos se siente el agotamiento de recursos considerados desde siempre no renovables como el petróleo. De recordar que el desarrollo de los combustibles fósiles explica el salto cuántico que la sociedad del neolítico efectuó en su paso hacia la sociedad industrial, asunto que como consecuencia de su lento pero inexorable agotamiento puede volvernos al tiempo donde la fuerza básica de trabajo es la tracción animal o humana.
Del otro lado de la ecuación están los efectos de la quema de estos combustibles con el cambio climático, colocando acento a la escases del agua, dificultando a su vez su aprovechamiento ante los comportamientos extremos de lluvias, y sequías, lo que de paso impacta la sustentabilidad de los suelos, y la producción de alimentos.
Inflexión económica y social de este siglo que comienza lo es también, que se intensifica la tendencia a desplazar productos agrícolas de la canasta alimentaria mundial hacia la generación de energía entre ellos la caña, o el maíz, este último, cereal básico en la dieta diaria de las personas a escala global.
La década en curso contrasta a su vez en aspectos relacionados con la salud, en ello se requiere hablar de la pandemia de la gripe porcina, elevada a este nivel por la OMS desde junio pasado, y de la que se especula sobre sus orígenes, o mutación, sin embargo, y pese a que ya no es titular de medios de comunicación, se erige como referente en la historia de los virus que ha impactado la humanidad. Solo en América la cifra de fallecimientos asciende a más de 4 500 personas.
Por su parte en el campo de los desarrollos tecnológicos e inventiva humana el práctico abandono de la colonización del universo, y la llegada del hombre a otros planetas, se ve aplazado casi indefinidamente dado que los proyectos espaciales con dificultad se enfocan a viajes a la estación espacial internacional, mientras lentamente queda a la saga la era de los transbordadores estadounidenses luego de los desastres del Challenger y el Columbia, imponiendose modalidades de transporte con tecnología de la desaparecida Unión Soviética puesta en operación ahora por Rusia.





duda es un día muy especial sobre todo por el significado y momento evolutivo de una propuesta tanto informativa como política. 








