martes, julio 22, 2008

El rechazo a las FARC, y a las guerrillas, un genuino reconocimiento y valoración de principios democráticos de la sociedad colombiana.

Este aparte del comunicado de Vía Democrática destinado a la marcha del 20 de julio como la totalidad de su contenido merece un análisis adicional, lo que hago a título personal, por las implicaciones que suscita, y el contraste que presenta respecto a las interpretaciones más comunes al respecto de la marcha.

Por un lado, más allá de la orquestación de los medios de comunicación, el aprovechamiento de la coyuntura generada por la liberación de los 15 secuestrados, y la articulación que se hace en el contexto de la programación adelantada por el gobierno para las fiestas del 20 de julio, ello no debe ocultar la motivación político democrática de la manifestación.

De hecho, uno de los exitos del gobierno consiste en capitalizar la ventaja que otorgan sectores democráticos como el Polo Democrático cuando obvió el ejercicio de asumir la bandera de la libertad, sin condición alguna, de todos los cautivos como divisa política.

Sin duda, el intercambio humanitario es una propuesta complementaria a la anterior, y contrapartida -lo que sigue siendo válido-, a la liberación a través de operativos militares.

Algo semejante sucede con la situación de las FARC. La condena a las FARC no excluye como posibilidad una negociación e incluso el intercambio humanitario acorde con el reconocimiento de la existencia de un conflicto. Pero nuevamente el referente es la condena a la lucha armada, a la combinación de las diversas formas de lucha, a las guerrillas y específicamente a las FARC.
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Pero la falencia en este tema no termina en Colombia. El reconocimiento de la beligerancia efectuada a las FARC por el gobierno venezolano, y su posterior rectificación en cuanto a la inviabilidad de la lucha armada, llevaron al presidente Chávez de la ofensiva política al gobierno colombiano, visible en inmediaciones de la Cumbre de Río, lo que nubló el rechazo generalizado de los países latinoamericanos a la violación de la soberanía ecuatoriana, a una situación ciertamente defensiva y conciliatoria como se observó en la recién finalizada cumbre colombo venezolana del pasado 11 de julio.

Por paradójico que parezca, las tensas relaciones entre los países ha terminado en el desarrollo de megaproyectos comunes. En un primer momento fue el gasoducto que une las dos naciones andinas, y luego en a mas reciente reunión, la puesta en escena del proyecto, por parte del gobierno colombiano, de un ferrocarril que uniría Ecuador y Venezuela cruzando por territorio colombiano, y que representa uno de los ejes transversales del estratégico plan 2019. De otra parte, si se observa el comportamiento de los intercambios económicos, salvo interrupciones temporarias, el crecimiento del mismo es la constante.

Desde la óptica del coloso del sur la situación no es muy diferente. La visita del presidente Lula a Bogotá este 20 de julio, es señal igualmente del como se destraba la agenda económica regional ante los recientes acontecimientos