El pasado 3 de julio, se dio inicio en New York a la conferencia internacional sobre comercio de armas en Naciones Unidas un tema importante para un país como Colombia, declarado oficialmente en situación de conflicto.
Las conversaciones sobre la temática, son realizadas por 190 países y buscan establecer un tratado internacional sobre el comercio de armas, es decir un documento en el que se expliciten compromisos jurídicos sobre la materia tanto para consumidores como productores de las mismas, tal cual como sucede con buena parte de los bienes que circulan en el mundo.
Una de las discusiones que atrae la atención, es la que tiene que ver con los mecanismos de control del comercio de armas que se realizan con países en situación de conflicto y, por supuesto, los procedimientos que buscan a su vez evitar el flujo de armas hacia los actores ilegales de los mismos.
Aquí, es donde el comercio de armas se mezcla con los intereses geopolíticos y donde se hacen claras las apuestas de las potencias económicas y militares, que dependiendo de sus intereses se juegan por alguno de los bandos en buena parte de los conflictos existentes en el mundo, una realidad que para algunos expertos que acompañan las negociaciones sobre un posible tratado de armas, hará más compleja la construcción de acuerdos y pone en vilo el trámite de la iniciativa, dado que su avance está sujeto a la regla del consenso.
Por su parte, estas controversias dejan a la zaga un punto esencial en la problemática. Las víctimas y los supervivientes del uso de armas, y la respectiva reparación de las mismas.
En Colombia, el uso de las armas tiene como fin asesinar. El 77,6% de los homicidios que se produjeron durante el año 2010, es decir 13.548 muertes que involucran armas de fuego, así lo dice. De hecho algunas investigaciones afirman que solo 2,1% de las lesiones personales son causadas por estas.
Como lo resalte en un comienzo, sería un tema importante para la agenda de Colombia ahora que preside el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el órgano que finalmente reglamentará-si esto llega a suceder-, el comercio de armas.
Hay que recordar, que un tratado de armas que busque verdaderamente reducir el impacto de la violencia de las armas en el mundo, debe comenzar por estimar la responsabilidad de una industria que produce un arma cada 15 minutos, lo que producto de esta proliferación requiere de un minuto y medio para que se produzca un deceso más a causa de su uso.