Aparte de lo desértico del paisaje que vive la sede del Polo regional desde hace unos buenos días, la charla de pasillo o de café concentra la tensión nacional en temas gruesos como la política de alianzas que debe guiar el partido, o los estereotipos que se hacen entre sectores del Partido sugiriendo nombres como Polo de derecha, Uribistas o izquierda radical, lo que por lamentable que sea guiara la controversia política-si así puede llamarse-, de las próximas elecciones a Congreso.José Obdulio se debe frotar las manos, sobre todo porque la contrapartida para el proyecto Uribista, es decir una potencial alianza entre el Polo y un sin número de sectores, entre ellos el Partido Liberal, se hace lejana cada vez que el Polo se hunde en su propia crisis.
Pero todo esto era previsible. Muy temprano era evidente que quien avanzara en una política de alianzas allende el Polo tendría como efecto una ventaja en el liderazgo como tal del Partido. Carlos Gaviria lo intentó como presidente del Partido con Cesar Gaviria pero sus resultados fueron distantes si se los compara con los acercamientos logrados por Luis Eduardo Garzón. De hecho la pasada administración del distrito contribuyó a un clima de acercamiento entre Garzón y el Partido Liberal lo que explica esta situación.
Sin embargo, Carlos Gaviria, y su cohorte de parlamentarios, conociendo los efectos de la ventaja que tomaba con este acuerdo el exburgomaestre capitalino, situaron la ofensiva echando mano de la vieja doxa izquierdista de los años sesentas y setentas que por su historia esta afincada en importantes sectores del Polo, y que se caracteriza por un considerable sectarismo, y que se acomoda a las justificaciones que esgrime el Gavirismo en cuanto a la imposibilidad de acuerdos extrapartido- so pena-, de si no son ellos los que los realizan.
Es eso, porque esa pristiandad política que profesan es una artificialidad que se desnuda en cada periodo de elecciones. No más ver lo sucedido en la pasada campaña a la alcaldía de Medellín, por colocar un ejemplo.
De otro lado, la situación de Gustavo Petro no es muy diferente, dado que la forma de neutralizarle no difiere de la munición usada para el caso de Garzón, sin que este aún lo haya desvelado.
Ahora bien, el lío de esta estratagema es el mismo que se sucede cuando al intentar cazar el ratón se hecha a tierra la casa. Los discursos utilizados están homologando al Polo, y lo reafirmo, con movimientos de izquierda de los años sesentas y setentas, alejando en la práctica al Partido de su perspectiva democrática, destruyendo su atractor político y social.
Así las cosas, el Uribismo se puede seguir frotando las manos.