No ha terminado la contienda electoral en la que se eligen poderes regionales y locales, y a pesar de lo prematuro que parezca, los comentarios y entrevistas de los medios de comunicación tanto a Luis Eduardo Garzón, Sergio Fajardo o Gustavo Petro, evidencian la largada de las candidaturas a las presidenciales de 2010. El panorama trae como novedad el saltarse el regular paso por el Congreso, o, el paso por la primera magistratura del distrito capital, por regla, antesala a la aspiraciòn presidencial, mostrado por la candidatura del primer mandatario de la ciudad de Medelín.Y es que el arribo del Polo Democrático a la administración de la ciudad capital en dos periodos consecutivos, no sólo contrasta la tendencia hegemónica en el país que posee la coalición uribista, sino que factura el hundimiento de líderes políticos como Juan Lozano y Enrique Peñalosa, potenciales relevos, si de aspiraciones presidenciales se trata, y en parte explica, la postulación “prematura” de Sergio Fajardo, con limitaciones de reconocimiento a escala nacional, al igual que con la clase política de la Sabana de Bogotá.
¿Ahora bien, porque paulatinamente y con participación de los medios de comunicación y gremios económicos importantes, se abre paso la candidatura presidencial de Fajardo? Una de las hipotesis apunta al el hecho del riesgo que significa el ascenso del Polo al solio presidencial en 2010 para las elítes colombianas, y que representa una ruptura histórica. Los cerca de 200 años de historia repu-blicana del país, inscriben periodos convulsos que interpretan momentos donde sectores empresariales no logran acuerdos comunes, o cuando emerge con fuerza una franja social que pretende convertirse, o abrir paso, a un sector empresarial de relevo, y que dicho sea de paso, es lo que desata la fuerza de las tendencias conservaduristas, más violentas en su actividad, con el propósito de evitar que el estado del poder político y económico se modifique. Pero esta historia sinuosa del poder en Colombia no puede olvidar como las élites recurren a figuras políticas “frescas” que ofreciendo renovación, cierren un ciclo, permitiendo amparar el designio del cambio para no cambiar nada.
De hecho, el todavía actual mandatario de la “Ciudad de las flores”, sella de manera satisfactoria una escena política y geográfica donde poderes de diversa índole no sólo conviven sino que constituyen un marco político de referencia para la administración de Medellín, lo que se complementa con su bien cultivado halito de socialdemócrata, una percepción pública alentada por los mass media, lo que facilita la disputa electoral sobre el mismo terreno, en cuestión de opinión, del Polo, toda vez que elude, los costos del alineamiento total al proyecto que gestiona el presidente en ejercicio Alvaro Uribe.
Empero, las perspectivas presidenciales que van del vagón local de la capital antioqueña a Bogotá, no terminan allí. Los reveses continuados del presidente en funciones sintetizados en el bloqueo económico que significa el congelamiento de la aprobación del TLC con Estados Unidos, convirtiendo un tema de carácter e impacto limitado a la escena internacional en una situación que afecta de manera determinante la esfera de la economía local, y de otro lado, las presiones respecto al tema de los derechos humanos, que ya tienen incidencia en las relaciones comerciales, y en la economía como tal, terminan por configurar la escena tipo para el planteo del relevo del primer mandatario colombiano. En este sentido, cobra vital importancia para una administración presidencial en el futuro, la capacidad de aplacar el debate internacional sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, aspecto con notables logros por parte de la administración Fajardo, en la que cuenta con una experiencia singular en la ciudad de Medellín, donde su éxito se ve recompensado con la política presidencial que traslada del Distrito Capital, a la provincia antioqueña, la actividad del lobby al TLC.
Sin duda la batería de intelectuales, organizaciones y corporaciones que acompañan la meta de neutralizar las demandas internacionales a Colombia, en cuanto a la aplicación de justicia se refiere, localizadas en Medellín, soporta la quinta columna del planeado relevo del presidente Uribe en 2010. También es previsible, que el presidente Uribe sirva de señuelo a la oposición mientras abre paso a la candidatura de Fajardo, en una maniobra electoral que ya comienza, y que es presumible termine con la declinación en caliente del presidente candidato, y el guiño respectivo, en las goteras de las elecciones de 2010.