Si bien es cierto que la contaminación atmosférica del parque industrial y vehicular colombiano y de Antioquia, no son significativas si se les compara con las emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados, no es menos importante reconocer que con las emisiones de gases contaminantes en la capital de la montaña están muriendo centenares de personas al año. Un reciente estudio muestra como para mediados del año en curso han fallecido unas 521 personas por enfermedades respiratorias agudas, 32 personas más si se compara la totalidad de fallecimientos por este mismo efecto en la totalidad del año 2008.
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Dos temas están de por medio. El diesel que se vende en Medellín posee 500 ppm de azufre si se le compara con recomendaciones que hablan de 50 ppm, sumado a la proyección en el crecimiento del parque automotor en el área metropolitana que se multiplica por dos en 7 años hasta los 953 mil vehículos en 2010 lo que no solo coloca en aprietos la movilidad en 10 municipios si no que ahoga en contaminantes el valle de aburrá, algo que ha hecho merecer a la tacita de plata el sombrío titulo de tercera conurbación más contaminada de Latinoamérica. Si de responsabilidades se trata importante es recordar que por cada vehículo público en la ciudad metropolitana existen 9 de carácter privado, que con la tendencia mencionada nos coloca en una espiral que termina por concentrar ingentes recursos de presupuesto en intervenciones viales para desatorar el tráfico cada vez mas infartado.
De otra parte según Naciones Unidas en 2008 se presentan en el mundo más desplazados por motivo del cambio climático que por ocasión de los conflictos armados, sin embargo en Colombia tal guarismo no parece tranquilizador, en tanto mientras el país se encuentra en categoría de “crisis humanitaria”, con millones de desplazados, cientos de desaparecidos, secuestrados, y asesinados, ello se suma a los efectos del cambio climático- ya en 2005 unas 140 mil personas, que lo perdieron todo debido a las inundaciones-, por la intensificación de las lluvias y el desbordamiento de los ríos.
Ahora bien, si de bienes vitales se trata la “escases” del agua en las ciudades colombianas se denota por los ajustes de precios. En un informe realizado por el Sistema Único de Información de Servicios Públicos en 2005, revela que los reajustes del oro azul ascendieron al 90, 63, y 54% respectivamente para los estratos 1, 2, y 3, mientras el agua destinada a la industria contrajo su valor en 1%. A su vez, los casos por Enfermedades Diarreicas Agudas(EDA) ya en la ciudad de Medellín, un indicador de la Organización Mundial de la Salud que mide el grado de incidencia de las políticas de desmarginalización, y sobre el consumo de agua contaminada, se ha incrementado cerca de un 60% entre los años 2006 y 2007.
*Sobre el tema recomiendo la presentación realizada por el portal Energía & Biosfera, y el promo de mi campaña a la Cámara de Representantes por Antioquia.