En medio de la ruptura de facto de las relaciones políticas y económicas de Colombia con Venezuela, los incidentes como la muerte de colombianos, de guardias venezolanos, y la destrucción de pasos peatonales entre los dos países dificultan cada vez más la solución concertada a los problemas en la frontera nororiental, lo que se suma a las tensiones originadas tras la firma del acuerdo sobre el uso de bases colombianas por las fuerzas militares de los EE.UU.
La situación es más compleja en medio de una “guerra fría” que se prolonga indefinidamente mientras los escenarios de mediación como Unasur, la OEA, o la misma Naciones Unidas languidecen ante su incapacidad de respuesta a un diferendo que tiene en el centro a EE.UU., una impotencia semejante a la que se presenta con el golpe de Estado en Honduras, donde paulatinamente se echa tierra a la ruptura institucional con unas nuevas elecciones, semejante también con lo que pasa en Iraq, o con sus propias características, en Afganistán.
En los medios de comunicación colombianos la parcialidad en el manejo del litigio andino en el que se asimila el “interés nacional” con la defensa a ultranza del gobierno Uribe, ha evitado la creación de una postura crítica respecto de las acciones y controversias a lado y lado de la frontera, perdiendo su perspectiva propositiva en medio de la escalada de tensiones.
Diferente es el enfoque respecto de los problemas domésticos, donde se evidencia la confrontación de intereses entre los sectores no reeleccionistas y el gobierno Uribe, como el enfoque que ofrece la revista cambio, semana, o el diario El Nuevo Siglo respecto del escándalo del Agro Ingreso Seguro, la controversia con la Corte Suprema de Justicia respecto de la elección del Fiscal, o con la Corte Constitucional ya en caso del control de constitucionalidad de la reelección presidencial, algo que contribuye a fomentar una visión crítica respecto de la corrupción, y de la defensa de la institucionalidad democrática, un formato que debería extenderse al ámbito de las relaciones internacionales.
En medio de la “diplomacia muda” del gobierno Uribe respecto de Venezuela, cabe resaltar la modalidad de la relación que reconstruye lentamente Colombia con Ecuador, donde pese a que la acción legal contra el exministro de defensa Juan Manuel Santos, los generales Padilla, y Naranjo, los reclamos internacionales ante el tribunal de la Haya, o los cuestionamientos respecto del acuerdo militar entre EE.UU y Colombia, por parte de Ecuador, ello no ha sido óbice para que se mantenga la comunicación entre los países, y se avance en cuando a la normalización de las relaciones comerciales.
Es decir, el reconocimiento y respeto de la diversidad de concepciones políticas en los gobiernos andinos, y de otra forma, el fundamento que representa el derecho internacional como referente de las relaciones entre las naciones es el mecanismo apropiado si se trata de estimular el desarrollo de relaciones pacíficas entre los países.
Pero si de los efectos económicos se trata, hay que tener en cuenta que el comercio con Venezuela ha sido factor importante en la dinámica de la economía colombiana tanto en el ímpetu del crecimiento del PIB en 2007 tasado en 7,5%, así como amortiguador al efecto de la crisis económica internacional de 2008 que colocó el PIB en 3,5%. Aún la previsión del 0% en el crecimiento del PIB en 2009 está basado en un comercio normalizado con el vecino país. De esta forma, la ralentización del comercio binacional para 2010 proyectará en su real dimensión la crisis económica internacional en la economía colombiana.
Un contexto: Brasil, Latinoamérica, y los Estados Unidos
De otra parte, la puja entre Colombia y Venezuela tiene como contrapartida la búsqueda por la consolidación internacional como potencia regional a Brasil, y la contención que en este propósito tiene EE.UU. En ello, el país carioca se abre paso a través de relaciones económicas y políticas de carácter global, y basado en el respeto por el derecho internacional. Por su parte EE.UU. da continuidad a una política reactiva en medio de su declive desconociendo reglas básicas del derecho internacional como la soberanía nacional, y los principios sobre la no injerencia en los asuntos internos de los países.
La sostenibilidad de la progresión económica y política de Brasil tiene ya su propio camino, donde no se requiere de reelección presidencial mientras el gobierno actual goza de niveles de popularidad amplios, y aunque no todo es color rosa, por los conatos de violencia debidos al incremento de la influencia del narcotráfico en ciudades como Rio de Janeiro, o Sao Paulo, o por la desigualdad social que preexiste a lo largo del país, lo cierto es que existen prevenciones sobre la seguridad de la amazonía brasilera que en algún momento apareció en cartillas de educación en EE.UU. como una zona ausente de autoridad respecto a su administración, y en este sentido es que se comprende la reprobación y preocupación sobre el uso que se pueda efectuar de las bases colombianas por parte de EE.UU.
De otra parte la consolidación del país continente pasa por la garantía de la estabilidad no solo interna, si no en la periferia de su territorio, lo que explica la proactividad del presidente da Silva en la búsqueda de una mediación entre Colombia y Venezuela, o incluso en la situación del conflicto interno colombiano, visible por la facilitación exitosa que ha logrado en la liberación de algunos secuestrados en el país cafetero.
Es una visión política que tiene sus capítulos a través de Unasur como la mediación de conflictos en Bolivia entre sectores de oposición y el gobierno de Evo Morales, el litigio sobre las papeleras entre Argentina y Uruguay, la intervención de Colombia en territorio Ecuatoriano, o la constante búsqueda de la mediación en la tensión entre Colombia y Venezuela.
El rol internacional también es visible en el ámbito económico, que comienza con el bloqueo que Brasil hace tempranamente del Tratado de Libre Comercio para las Américas Alca, o su participación en el grupo de los 20 en la demanda por un cambio del régimen económico global, y la reestructuración de las organizaciones de Bretton Woods.
La interdependencia del país de la zamba se observa por la distancia que este país toma de Europa, y EE.UU. evidente luego de que en reciente visita del presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad a Brasilia el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva ofreciera su apoyo al programa nuclear para fines pacíficos a la nación islámica.
A escala latinoamericana resaltan las relaciones con Cuba, y los países caribeños, al igual que su participación activa en Honduras buscando el restablecimiento del orden democrático en dicho país luego del golpe de estado llevado el pasado mes de junio, o la participación como brigadas militares con mandato de Naciones Unidas en Haití.
