
De continuar el enfoque que sobreviene los últimos gobiernos locales en Medellín, las políticas públicas mantendrán distancia de prioridades que orientan la agenda mundial sobre alimentación y medio ambiente, como la erradicación de la desnutrición, y la reducción de las emisiones a la atmósfera de gases de invernadero.
Una media de desnutrición del 41%,-en Medellín en total 820 mil personas, y en situación de emergencia y vulnerabilidad 500 mil-, debería estimar la prioridad de las agendas políticas y los presupuestos de la alcaldía local, de orientarse a la realización de los fundamentos del Estado Social de Derecho cual es la garantía del bienestar de las familias y personas, sin embargo suele ocurrir que a tal demanda la respuesta tradicional de los planes de gobierno es la de diferir a futuro la solución, sumando esta problemática a otras tantas por resolver, terminando por esta vía por justificar en la practica la sostenibilidad en el tiempo de esta grave situación.
Como lo estima la Organización para la Agricultura y la alimentación(FAO), entidad perteneciente al Sistema de Naciones Unidas, la desnutrición es problema de orden político, en tanto en la actualidad existen recursos suficientes que de distribuirse, permitirían la erradicación de este flagelo en tiempo presente.
Armonizar una política de este tipo, con la de materializar la realización de los Derechos Económicos Sociales y Culturales, por medio de modificar la tendencia creciente al empleo informal-de cada 10 empleos generados 6 son informales-, con la promoción del empleo estable y el pago de salarios justos, traduce una formula que facilita el transito sostenible de la situación de pobreza de las personas- en Medellín un millón-, a la escena de la inclusión social y el acceso por propia cuenta de bienes y servicios básicos, lo que conjuga una estrategia que localiza el empleo estable y adecuadamente remunerado como mecanismo de superación de la pobreza, y garante del acceso de bienes y servicios básicos para las familias.
Tales políticas, igualmente reduciran no sólo el padecimiento de enfermedades que se originan en la desnutrición, sino también la prevención de enfermedades, ahorrando situaciones traumáticas y costosas para las familias, para el Estado, y el sector productivo de la sociedad, dado el mejoramiento de los rendimientos laborales afines con la reducción de la morbilidad.
En contraste con lo anteriormente citado el debate electoral del que se prevé la orientación de la administración del municipio en los próximos 4 años se concentra en temas como el mejoramiento de la movilidad, es decir, es más importante el fluir de los vehiculos por las calles de la ciudad, que el bienestar de las personas, en la agenda de los candidatos a la alcaldía y concejo de Medellín, con excepción del Polo Democrático.
Pero si de hacer un analisis del tema de la movilidad se trata, el abordaje de este aspecto por los políticos, omite, no por casualidad, el centro del problema de la movilidad, cual es la tendencia creciente al uso del vehículo particular, factor que explica el porque de cada 10 vehículos que están matriculados en la ciudad, uno es público y 9 lo son particulares. De esta forma, para el periodo 1996-2006, el parque automotor se ha visto multiplicado por dos, asunto que contrasta con la media del crecimiento de la construcción de vías, que para años recientes asciende al 2% anual, esto último, presente no sólo por la debilidad en la construcción de nuevas vías, sino a fenómenos como el agotamiento del suelo urbano, entre otros, determinado por los limites que imponen las características geográficas asociadas a la localización de Medellín.
Estos antecedentes explican porque proyectos como Metroplus, iniciativa que busca modular la oferta de vehículos públicos, y agilizar la movilidad, no ataca el epicentro del problema de los embotellamientos, y la contaminación atmosférica, y al contrario, su puesta en marcha, que significa la perdida relativa de vias troncales para la movilidad de la ciudad, de seguro acentuará esta problematica.
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De otra parte, pese a que Medellín padece los rigores del efecto invernadero, con intensificación tanto de olas de calor como del ciclo lluvioso, impactado el comportamiento del microclima del valle de Aburra, ello no parece suficiente para la sustentación de propuestas encaminadas a la regulación de la adquisición de vehículos para uso particular, el consumo de combustibles, y el fomento al incremento de la superficie arbórea de la ciudad, que sirvan para mitigar el cambio climático local y global.
A su vez, la escasez, y los altos de precios de los hidrocarburos, tampoco es tenido en cuenta mientras el país se sumerge paulatinamente en niveles considerables de dependencia petrolera, lo que obliga la sociedad ha destinar mayores cuantías de recursos en la adquisición de hidrocarburos para alimentar los vehículos, como se ha dicho, esencialmente particulares. También se obvian efectos colaterales, como la elevación de los costos de los alimentos para las personas consecuente con la priorización de cultivos para la producción de combustibles vegetales en detrimento de los productos para consumo humano, como ya sucede a escala mundial.
En síntesis, y esto a manera de propuesta respecto a las políticas publicas sobre movilidad en la ciudad, hay que establecer regulaciones más audaces que conduzcan al desestímulo del uso de vehículos particulares, sopena de continuarse el proceso de saturación, la intensificación de los embotellamientos, el incremento en los tiempos de transporte, y consumo de combustibles, como de emisiones de gases contaminantes, que como se sabe, todos, representan factores que favorecen la modificación del clima global y el microclima urbano.


