Ayer mientras emprendíamos una caminata por la única y planeada vía que circunvala la comuna nor-oriental observaba la explanada del absurdo antioqueña y tal
vez de común de ciudades del tercer mundo. Absurdo porque las políticas públicas del Municipio de Medellín perfilan como uno de los elementos de mayor interés el promocionar la capital antioqueña como un centro turístico a fin de atraer ingresos, y mostrar la otra cara de la ciudad. Con este fin varias administraciones de la ciudad han concentrado un volumen cuantioso de recursos para “recuperar” el centro de de Medellín donde se vuelven patéticos los efectos de la aplicación del Consenso de Washington como la des-industrialización y con ello la clausura de todos los sectores derivados como el comercio de manufacturas, los círculos de profesionales, abogados, contadores, trabajadores sociales, ingenieros, etc. El nuevo rostro de la zona central es un paisaje suburbial, con prostitución infantil, venta abierta de drogas, informalidad laboral generalizada e indigencia. Los locales que concentran hoy las inversiones económicas son esencialmente Casinos, negocios de Juegos de azar y prostíbulos velados como hostales o lugares de descanso. Esta tipologia de inversiones se acompaña de nuevos y suntuosos Centros Comerciales que simulando una extensión del espacio público mas allá de las calles, son cuidados debidamente por vigilancia privada desde donde se restringe “sutilmente” y se hace seguimiento del ingreso y comportamiento de las personas.
Como contraste con la clausura de lo que fuera el complejo central originado tras la década de los sesentas, es evidente la concentración de aparatos de seguridad que van desde el control en las alturas por medio de cámaras remotas, como de un copioso volumen de vigilantes privados, que en contravención con los principios legales en cuestión del control del orden público, reservado a las autoridades de policía, regulan el las vías articuladas del centro de la ciudad. El refinamiento del control es efectuado tras la superposición de la estrategia de seguridad que va de la “sutil” llamada por celular a los vigilantes estacionados en las calles, el paneo “invisible” de la cámara aérea, a la captura y coacción de los presuntos implicados en una lesión a la seguridad, provisto no ya por el código penal colombiano, como por los “códigos de las empresas de seguridad privada”. Esta escena cobra eficacia tras la casi imperceptible y silenciosa acción de estos particulares aparatos de seguridad.
La Seguridad Pública Privatizada(SPP) se mueve en dos frentes, la directamente contratada y administrada por los centros comerciales, y la informal que se efectúa a través de organizaciones para-estatales a cargo del orden publico llevado a cabo directamente en las calles, financiado a través de rentas obligatorias a los vendedores informales, pero en contraste con los primeros, no sujeta a su administración o defensa de su seguridad, en tanto es gestionada por Cooperativas de Seguridad Privada(CSP), conocidas como Convivir, quienes reciben las rentas de los trabajadores informales(1) como dación de pago por el permiso o arriendo del suelo público, y que se complementa con el “permiso” de estacionarse en el semáforo, la esquina para la venta de minutos celular, o el permiso para la oferta de proxenetas o los jíbaros en la venta de drogas.
El radio de acción de las C.P.S se expande del centro a la periferia de la ciudad, sus tentáculos son observables en buena parte de los ya 55 asentamientos de desplazados internos, donde cobran arriendo por la posesión u ocupación de tierras baldías, la coadministración del transporte publico de pasajeros, o actuando como bancos de primer piso efectuando prestamos del tipo gota a gota o paga diario con intereses que llegan al techo del 20%, el equivalente a unas 10 veces mas que el interés ofrecido por las entidades financieras oficiales. El complejo de las C.P.S desarrolla una actividad económica con las características de un Trust en tanto luego de refinar la actividad de prestamista se complementa verticalmente destinando su organización coercitiva y de vigilancia como mecanismo de persuasión a los morosos y de garantía a las formas de fianzas, pagos en bienes muebles, etc.
En síntesis las características fundamentales de este complejo económico y de seguridad es la informalidad y la privacidad de su actuación dado que regularmente la C.P.S no están adscritas ni reguladas por las entidades estatales correspondientes para cada una de sus actividades como la Supervigilancia, la superintendencia financiera, etc,. Menos aún en el caso de litigios o asuntos de rezago de cartera que en ningún caso son tramitados a través de los juzgados.
Son estas entidades las encargadas de velar por la convivencia y seguridad ciudadana que traducen un modelo de control del orden publico sobre el que se soportan las inversiones macro legales tal cual los Sistemas de Transporte Masivo, o los Walk Park del tipo las Vegas o Barcelona, este último parodiado en Medellín como Ciudad Botero, que significara el “Embellecimiento Urbano” de el eje troncal de la Carrera Carabobo y el Barrio Corazón de Jesús, un poco el Cartucho de Bogota. Este “Modelo de Intervención” faculta a el gobierno local a proferir la venta obligatoria de bienes muebles en la zona a través del incremento de impuestos, de servicios públicos, de seguridad, o a razón del titular de la resolución respectiva, “a fin de lograr el bienestar General” de la comunidad medellinense, lo que significa una declaración de expulsión ineludible.
Volviendo a la historia, el boom inmobiliario en el sur de la ciudad abrevado en las potencialidades de la liquidez generada por el narcotráfico, surgió como alternativa económica a la desdibujada industria manufacturera antioqueña, abandonando cualquier expectativa de inversión en el centro de la ciudad. Esta situación permitió que el mercado informal avanzara paulatinamente obligando incluso a la adecuación de los locales, antes confortables y amplios pero impagables por los nuevos huéspedes, los cuales como patrón de referencia fueron subdivididos en función con la capacidad de pago de las ventas informales. La informalidad también copo los andenes públicos y cimentó la reorientación del derecho y defensa del mismo obviado en la construcción y arquitectura de una de una de las ciudades per se mas deficitarias en este indicador, facultando la creación de un aparato coactivo con denominación “Grupo de Defensa del Espacio Público” financiada por el gobierno local y con fin la recuperación de las aceras del centro de la ciudad.
Como es obvio las características arquitectónicas, de construcción, y mantenimiento de una edificación depende de las condiciones económicas y de la formación educativa de quien lo gestiona, ello explica porque los suburbios difieren en sus formas y material y lugar de construcción con las edificaciones efectuadas en zonas de otras clases sociales, teniendo en si su propia estética, oficio relacional, funcional y simbólico. Desde esta perspectiva es posible hacer visible como la económico determina los emplazamientos arquitectónicos, evitando la estigmatización de los mismos, fortaleciendo los emprendimientos de las familias de bajos ingresos, promoviendo el mejoramiento de sus construcciones, reduciendo u omitiendo las cargas impositivas, a la vez que dada su situación de fragilidad económica, evitar comprometer macro proyectos urbanos con el desplazamiento de asentamientos o inversiones económicas del sector informal. Lo anterior tiene sentido, cuando recordamos que Colombia posee un 70% de su población en estado de pobreza y el empleo tiende a ser fundamentalmente informal. Además, que al respecto del turismo, primero hay que enfrentar las problemáticas socioeconomicas y violentas del país, las que explican porque Colombia se encuentra en la lista del Departamento de Estado de los EEUU, y por supuesto de las agencias de viajes en el mundo, como un lugar no aconsejable siquiera para pernoctar.
(1) La informalidad traduce generalización de lo laboral. En tanto hasta la década de los sesentas el salario de una de las personas de una familia regularmente el padre era suficiente para el sostenimiento del hogar, es decir la esposa, y sus 4 hijos aproximadamente. Tras las décadas perdidas de los años ochentas y noventas, los programas de ajuste estructural abrieron paso a la generalización de la economía informal, que implico inestabilidad laboral, estancamiento y declive salarial, desempleo y sobre costos sociales a las familias en salud, y educación. Este cuadro explica la exigencia a los hogares de multiplicar el número de trabajadores por familia, esencialmente informales, sin embargo es posible demostrar que pese al incremento global de la masa de trabajadores en el país, en sí el volumen de los hogares pobres en el país respecto a los años sesentas no solo no se estanca sino que se incrementa el porcentaje de familias pobres, como el número de personas pobres e indigentes.
vez de común de ciudades del tercer mundo. Absurdo porque las políticas públicas del Municipio de Medellín perfilan como uno de los elementos de mayor interés el promocionar la capital antioqueña como un centro turístico a fin de atraer ingresos, y mostrar la otra cara de la ciudad. Con este fin varias administraciones de la ciudad han concentrado un volumen cuantioso de recursos para “recuperar” el centro de de Medellín donde se vuelven patéticos los efectos de la aplicación del Consenso de Washington como la des-industrialización y con ello la clausura de todos los sectores derivados como el comercio de manufacturas, los círculos de profesionales, abogados, contadores, trabajadores sociales, ingenieros, etc. El nuevo rostro de la zona central es un paisaje suburbial, con prostitución infantil, venta abierta de drogas, informalidad laboral generalizada e indigencia. Los locales que concentran hoy las inversiones económicas son esencialmente Casinos, negocios de Juegos de azar y prostíbulos velados como hostales o lugares de descanso. Esta tipologia de inversiones se acompaña de nuevos y suntuosos Centros Comerciales que simulando una extensión del espacio público mas allá de las calles, son cuidados debidamente por vigilancia privada desde donde se restringe “sutilmente” y se hace seguimiento del ingreso y comportamiento de las personas.Como contraste con la clausura de lo que fuera el complejo central originado tras la década de los sesentas, es evidente la concentración de aparatos de seguridad que van desde el control en las alturas por medio de cámaras remotas, como de un copioso volumen de vigilantes privados, que en contravención con los principios legales en cuestión del control del orden público, reservado a las autoridades de policía, regulan el las vías articuladas del centro de la ciudad. El refinamiento del control es efectuado tras la superposición de la estrategia de seguridad que va de la “sutil” llamada por celular a los vigilantes estacionados en las calles, el paneo “invisible” de la cámara aérea, a la captura y coacción de los presuntos implicados en una lesión a la seguridad, provisto no ya por el código penal colombiano, como por los “códigos de las empresas de seguridad privada”. Esta escena cobra eficacia tras la casi imperceptible y silenciosa acción de estos particulares aparatos de seguridad.
La Seguridad Pública Privatizada(SPP) se mueve en dos frentes, la directamente contratada y administrada por los centros comerciales, y la informal que se efectúa a través de organizaciones para-estatales a cargo del orden publico llevado a cabo directamente en las calles, financiado a través de rentas obligatorias a los vendedores informales, pero en contraste con los primeros, no sujeta a su administración o defensa de su seguridad, en tanto es gestionada por Cooperativas de Seguridad Privada(CSP), conocidas como Convivir, quienes reciben las rentas de los trabajadores informales(1) como dación de pago por el permiso o arriendo del suelo público, y que se complementa con el “permiso” de estacionarse en el semáforo, la esquina para la venta de minutos celular, o el permiso para la oferta de proxenetas o los jíbaros en la venta de drogas.
El radio de acción de las C.P.S se expande del centro a la periferia de la ciudad, sus tentáculos son observables en buena parte de los ya 55 asentamientos de desplazados internos, donde cobran arriendo por la posesión u ocupación de tierras baldías, la coadministración del transporte publico de pasajeros, o actuando como bancos de primer piso efectuando prestamos del tipo gota a gota o paga diario con intereses que llegan al techo del 20%, el equivalente a unas 10 veces mas que el interés ofrecido por las entidades financieras oficiales. El complejo de las C.P.S desarrolla una actividad económica con las características de un Trust en tanto luego de refinar la actividad de prestamista se complementa verticalmente destinando su organización coercitiva y de vigilancia como mecanismo de persuasión a los morosos y de garantía a las formas de fianzas, pagos en bienes muebles, etc.
En síntesis las características fundamentales de este complejo económico y de seguridad es la informalidad y la privacidad de su actuación dado que regularmente la C.P.S no están adscritas ni reguladas por las entidades estatales correspondientes para cada una de sus actividades como la Supervigilancia, la superintendencia financiera, etc,. Menos aún en el caso de litigios o asuntos de rezago de cartera que en ningún caso son tramitados a través de los juzgados.
Son estas entidades las encargadas de velar por la convivencia y seguridad ciudadana que traducen un modelo de control del orden publico sobre el que se soportan las inversiones macro legales tal cual los Sistemas de Transporte Masivo, o los Walk Park del tipo las Vegas o Barcelona, este último parodiado en Medellín como Ciudad Botero, que significara el “Embellecimiento Urbano” de el eje troncal de la Carrera Carabobo y el Barrio Corazón de Jesús, un poco el Cartucho de Bogota. Este “Modelo de Intervención” faculta a el gobierno local a proferir la venta obligatoria de bienes muebles en la zona a través del incremento de impuestos, de servicios públicos, de seguridad, o a razón del titular de la resolución respectiva, “a fin de lograr el bienestar General” de la comunidad medellinense, lo que significa una declaración de expulsión ineludible.
Volviendo a la historia, el boom inmobiliario en el sur de la ciudad abrevado en las potencialidades de la liquidez generada por el narcotráfico, surgió como alternativa económica a la desdibujada industria manufacturera antioqueña, abandonando cualquier expectativa de inversión en el centro de la ciudad. Esta situación permitió que el mercado informal avanzara paulatinamente obligando incluso a la adecuación de los locales, antes confortables y amplios pero impagables por los nuevos huéspedes, los cuales como patrón de referencia fueron subdivididos en función con la capacidad de pago de las ventas informales. La informalidad también copo los andenes públicos y cimentó la reorientación del derecho y defensa del mismo obviado en la construcción y arquitectura de una de una de las ciudades per se mas deficitarias en este indicador, facultando la creación de un aparato coactivo con denominación “Grupo de Defensa del Espacio Público” financiada por el gobierno local y con fin la recuperación de las aceras del centro de la ciudad.
Como es obvio las características arquitectónicas, de construcción, y mantenimiento de una edificación depende de las condiciones económicas y de la formación educativa de quien lo gestiona, ello explica porque los suburbios difieren en sus formas y material y lugar de construcción con las edificaciones efectuadas en zonas de otras clases sociales, teniendo en si su propia estética, oficio relacional, funcional y simbólico. Desde esta perspectiva es posible hacer visible como la económico determina los emplazamientos arquitectónicos, evitando la estigmatización de los mismos, fortaleciendo los emprendimientos de las familias de bajos ingresos, promoviendo el mejoramiento de sus construcciones, reduciendo u omitiendo las cargas impositivas, a la vez que dada su situación de fragilidad económica, evitar comprometer macro proyectos urbanos con el desplazamiento de asentamientos o inversiones económicas del sector informal. Lo anterior tiene sentido, cuando recordamos que Colombia posee un 70% de su población en estado de pobreza y el empleo tiende a ser fundamentalmente informal. Además, que al respecto del turismo, primero hay que enfrentar las problemáticas socioeconomicas y violentas del país, las que explican porque Colombia se encuentra en la lista del Departamento de Estado de los EEUU, y por supuesto de las agencias de viajes en el mundo, como un lugar no aconsejable siquiera para pernoctar.
(1) La informalidad traduce generalización de lo laboral. En tanto hasta la década de los sesentas el salario de una de las personas de una familia regularmente el padre era suficiente para el sostenimiento del hogar, es decir la esposa, y sus 4 hijos aproximadamente. Tras las décadas perdidas de los años ochentas y noventas, los programas de ajuste estructural abrieron paso a la generalización de la economía informal, que implico inestabilidad laboral, estancamiento y declive salarial, desempleo y sobre costos sociales a las familias en salud, y educación. Este cuadro explica la exigencia a los hogares de multiplicar el número de trabajadores por familia, esencialmente informales, sin embargo es posible demostrar que pese al incremento global de la masa de trabajadores en el país, en sí el volumen de los hogares pobres en el país respecto a los años sesentas no solo no se estanca sino que se incrementa el porcentaje de familias pobres, como el número de personas pobres e indigentes.
Los trabajadores informales desarrollan su actividad básicamente a través del comercio de bienes o manufacturas originados en empresas nacionales o multinacionales reconocidas pero con las cuales no poseen algún tipo de vínculo laboral, o pago por la prestación de este servicio. Es esta situación la que explica su incapacidad de pago de impuestos o arrendamiento de un local adecuado al desarrollo de esta actividad comercial. Comercian desde frutas de la Chiquita Brand, o United Fruit, articulos de aseo de unilever, Palmolive, cigarrillos de todas las marcas conocidas(Marlboro, Kent, y todos los de Coltabaco), dulces de Colombina, la Colombiana de Chocolates, y Noel. También se incluye el comercio de bisuterías con marcas genéricas del exterior de empresas comerciales de China y EEUU.