jueves, abril 26, 2007

Un comentario especial que llega

Importartes las reflexiones que el Secretario de Gobierno de Antioquia, Jorge Mejía Martínez hace del texto publicado en mi sitio personal con titulo el derecho a la energia, a proposito de los intercambios que con frecuencia ejercitamos, y reproducido a su vez en su columna semanal del periodico regional el Mundo de Medellìn. A continuación el texto en referencia. La versión digital del periodico en el link: http://www.elmundo.com/sitioweb/noticia_detalle.php?idcuerpo=1&dscuerpo=Sección%20A&idseccion=3&dsseccion=Opinión&idnoticia=51340&dsnoticia=Derecho%20a%20la%20energía%20y%20al%20agua&imagen=051021111025jorgemejia.jpg&vl=1&r=opinion.php
Derecho a la energía y al agua
Abril 25 de 2007
Jorge Mejía Martinez

Los que escribimos en estas páginas de opinión pretendemos una reacción del lector, en cualquier sentido, pero que reaccione. Y con la buena costumbre de El Mundo de acompañar el escrito con el correo electrónico del autor, se propicia la retroalimentación. Hay aportes de los lectores que no podemos soslayar; lo mínimo que podemos hacer, es compartirlos con los otros lectores.
Osvaldo de los Ríos C. sugiere un tema interesante: ¿Existe un derecho a la igualdad en el acceso a la energía? Tema poco analizado en las aulas de la academia y muy ausente de las reivindicaciones de los movimientos sociales. Dice Osvaldo que en todo proceso de producción los balances están supeditados por los costos asociados a consumos específicos de energía, en componentes como fuerza de trabajo, consumo de energéticos como combustibles, energía eléctrica, y la renta Ricardiana, o los impuestos por la explotación de materias primas, tanto para la generación de bienes como de servicios. La analogía entre Producto Interno Bruto (PIB), y energía para Colombia se aprecia así: del 100% de la energía producida y consumida por las generaciones en aproximadamente 200 años, el 61% se concentra en los hogares y el 18% pertenece al Estado. El 24% equivale a las inversiones de los dos componentes anteriores; 21% son exportaciones a lo que le restamos las importaciones equivalentes al 25%. La comparación permite visualizar el peso que tienen las familias en el desarrollo de la sociedad, y del Estado como tal. La inequidad en los retornos de energía que el sistema (Estado) hace a las personas, es posible de observar a través de un comparativo con la concentración de la riqueza. Es así como, pese a que en Colombia los esfuerzos son generales en la producción de energía, del 100% de dicha generación, el 50% es concentrado por un 5% de la población, mientras el restante 50% se distribuye entre el 95% de los habitantes del país. Los indicadores asociados al tema de movilidad, evidencian otro tanto. En Medellín, los estudios sobre el uso de las diferentes modalidades de transporte a que tienen acceso las personas, evidencian que cerca de un 50% de la población de la ciudad se moviliza a sus lugares cotidianos a píe, mientras el 50% restante lo hace a través de los demás medios mecanizados que van del automóvil, metro, o vehículos públicos; este guarismo determina los consumos de energéticos respectivos, como gasolina o energía eléctrica y reabre el debate sobre el derecho a la libertad de movilidad, o locomoción de las personas. Igualmente, asevera Osvaldo, si colocamos la lente en la población pobre colombiana, en cifras oficiales (Informe Banco mundial 2007), alrededor de un 50% de la población es responsable del pago del 35% de los gastos totales nacionales, unos 6512 millones de dólares, por el consumo de energía eléctrica; lo que hace de este rubro el más aportado por los estratos bajos del país, por encima del pago por el consumo de alimentos, vivienda, agua, salud o transporte. Así mismo, es posible establecer los consumos medios de energía eléctrica, o los bienes y servicios de una familia, o de cada una de sus personas, en función a los Derechos Sociales, Económicos y culturales, lo que da nacimiento a una de las más avanzadas propuestas modernas de carácter social: la “Renta Básica”, consistente en los ingresos mínimos que el Estado debe garantizar a toda persona, sin ningún tipo de discriminación, como mecanismo de realización de los derechos elementales. El derecho al consumo del agua es otro asunto de gran impacto social, económico y filosófico, a la luz de la Declaración universal de los Derechos del Hombre y de una Constitución nacional pródiga en garantías como la del 91. ¿Cuando una Empresa oficial que monopoliza la prestación del servicio público del agua, le suspende de manera temporal o definitiva el suministro del líquido vital a una familia, por incapacidad de pago o por carencia de recursos, condenándola a morir de sed, delante de toda la sociedad que permanece impávida, estará actuando correctamente? La duda es toda; a la luz de un centímetro de humanidad, parece inadmisible. Interesante discusión la que nos permitió el amigo Osvaldo De los Ríos.