martes, septiembre 12, 2006

Un Estado fracasado

Segunda semana de septiembre
2006

Internacionalmente la discusión en torno a los Estados que se hacen inviables no termina.
La reflexión no deja de ser interesante en la medida que ello obliga a recavar por el sentido de la existencia de una de las organizaciones sociales que dirige los destinos políticos del mundo allende el siglo XV, facultando el reconocimiento de la identidad nacional, es decir la configuración de los territorios y culturas, las relaciones internacionales que toman como base la producción y el comercio, toda vez que abrió paso a una función básica, o razón de ser del Estado, es decir el progreso de la sociedad conforme los centros de gravedad de la economía evolucionaban del feudalismo al mercado basado en la producción industrial, lo cual facilito la emergencia de lo urbano, así como los principios o normas con las cuales tomaron forma las relaciones humanas en las ciudades.

Mientras el debate en los años sesentas y setentas se centraba en torno a la categoría que describiera la situación de los países entre Estados en vía de desarrollo, o subdesarrollados, la imposibilidad de avance de los mismos tras el fin del siglo XX, obliga la creación de una nueva categoría que describa la situación de algunos Estados que a la larga no pudieron superar la barrera del subdesarrollo y muy al contrario se precipitaron en medio de una inusitada fragmentación social, y pobreza generalizada, que terminó por facilitar el transito a una visión de Estado neoconservadora, en contraste con la orientación liberal social devenida tras la ocurrencia de la revolución francesa, que consagraba el objeto de la resolución progresiva de las desigualdades sociales a la existencia del Estado a través de medidas pacíficas en clave de la profundización de la democracia.

Auspiciado por una cabalgante corrupción, los Estados Fracasados presentan como una de sus características niveles progresivos en la tasa de homicidios, conjugados igualmente con exorbitantes gradientes de impunidad e inexistencia de la aplicación de la justicia. Las libertades y ejercicio de los derechos, de manera semejante, son de carácter restrictivo.

Los países en esta categoría, presentan a su vez rasgos distintivos como la mayor o menor estructuración de organizaciones criminales, sobre las que estriba la violencia, y el carácter de la economía, en el sentido de la afectación del crecimiento y acumulación de la riqueza. Es así que existen Estados Fracasados que mantienen niveles comparativos de crecimiento económico respecto a países no Fracasados. Igualmente, se presentan algunos que a diferencia de otros no conviven con estructuras criminales organizadas, pero que de manera similar no logran las expectativas sociales que dicen sustentarlos. En síntesis, las características históricas de cada Estado a la larga determinan los perfiles del futuro, o la creciente emergencia de un Estado Fracasado. Aún así lo que sin duda hace posible su configuración, y luego entonces la erupción de las variables que lo caracterizan es la debilidad democrática, y es a través de lo cual se explica que países con infraestructuras económicas de considerable desarrollo puedan verse sometidas por la envolvente de fuerzas que conduzcan a revertir y modificar el sentido de las políticas que orientaron la actividad de los mismos por décadas, en muy poco tiempo.

Autores como Barry Buzan, en uno de los apartes de su texto “El futuro que viene” describe como los Estados Fracasados al ser gestionados por la dinámica de organizaciones criminales son proclives a constituir espacios geográficos transnacionales, explicado por el desconocimiento de las fronteras territoriales, y a la redefinición de la división política de los Estados a fin con el comportamiento de redes ilegales cada vez mas globalizadas, constituidas por las lógicas del narcotráfico, comercio de armas, tráfico de personas, venta de órganos, exportación de mercenarios, etc, potencialmente extendiendo sus actividades a los Estados fronterizos, configurando regiones definidas como Zonas de Caos, o lugares donde la ley imperante esta determinada por el poder de intimidación y de la acción violenta, donde las instituciones legales sucumben a manos de grupos criminales, a fin con el control económico y político que los motiva. Puede afirmarse que el móvil de los actores en este tipo de Estados se caracteriza por la ausencia de referentes doctrinarios políticos o ideológicos clásicos, puesto que desconocen de facto cualquier función vinculada al desarrollo potencial de un Estado de Derecho tal cual lo consideraba tanto el liberalismo, el capitalismo tardío, como el socialismo.

Michel Hard sintetiza este comportamiento de un Estado localizando la función en principio negativa de la “guerra”, ya en términos contemporáneos, como una forma particular de gobierno, donde en medio de las pugnas, las venganzas y la “justicia privada”, conduce a que el escenario de un caos modelado, ya en el imaginario de la sociedad, termina por facilitar el predominio de tendencias destinadas a focalizar la acción minimalista de estos, al tema de seguridad, en consecuencia, restricciones a las libertades ciudadanas, cuando paradójicamente son las mismas organizaciones criminales en uso de sus métodos violentos quienes se imponen sutil, violenta e intimidatoriamente a las instituciones republicanas, y más allá, modelan las relaciones entre las personas constituyendo medios simbólicos y comunicativos referenciales, luego entonces interiorizando una cultura de la violencia en la sociedad, con cimientos en el miedo a lo publico, a la opinión, la condena tacita del disenso, que contrario a los cánones democráticos, al tenor de una sociedad de derechos, restringen de facto la acción política, y la dinámica relacional Estado-ciudadanos, al punto de condensar un autoritarismo, rasgo distintivo de los Estados Fracasados. Resumiendo, la actividad de estos Estados y el crimen organizado convergen en las actividades dirigidas a socavar las expresiones sociales destinadas al ejercicio de los derechos en cualquiera de sus expresiones organizativas, o las espacialidades donde pueda desenvolverse: la cuadra, el barrio, la ciudad, la región, el país.