miércoles, octubre 04, 2006

Neoconservadurismo y crisis de la unipolaridad

La hegemonía es uno de los momentos capitales en el desarrollo de toda sociedad, y tiene que ver con la capacidad no sólo de imponer sino de lograr convencer a los bandos de una contienda del beneficio general que se consigue a través de unas lógicas y relaciones particulares de comportamiento, y se evidencia en situaciones tanto como Imperios han atravesado la historia humana. Este concepto es de carácter holístico puesto que toma expresión en todos los ordenes de la sociedad, que van desde la economía a la cultura.

Tras la segunda guerra mundial se hicieron evidentes las contradicciones entre dos ideas que surcaban el escenario internacional cada una de las cuales se presentada como redentora o mas proactiva en la consecución de logros sociales, y profundización de los principios republicanos. A su vez cada uno mostraba a su opositor como quien encarnaba lo retardatario del avance de los derechos y las libertades civiles. En los medios usados en el logro de las expectativas estaba la diferencia, trazada por el mayor o menor poder de intervención del Estado en las relaciones económicas, y en este mismo sentido la “liberación del mercado” que significa la gestión centrada en el sector privado de las relaciones productivas, comerciales y financieras en contraste con la planificación y preeminencia del Estado en las relaciones económicas que la contra parte planteaba como formula para evitar la concentración de poder y la desigualdad al interior de la sociedad, factores considerados contrarios para la realización de los derechos ciudadanos.

La contienda, pionera por su tipo en el impacto de lo global, estuvo marcada por la confrontación, donde la guerra entre potencias se libraba a través de variados conflictos en el mundo, distante de la guerra de ejércitos de Estados clásica, en consecuencia, donde las victimas en su mayoría terminaron siendo civiles y nacionales de cualquier latitud del planeta diferentes de nacionales de las potencias que veladamente se enfrentaban a través de los conflictos, lo que condujo entre otros al aplazamiento, y tácito desconocimiento del proceso histórico independentista que al margen de la bipolaridad intentaba desarrollarse, pero que por esta vía era nuevamente canalizado en provecho de las emergentes potencias en disputa.

De esta forma se echaron las bases de la guerra asimétrica, que en el contexto de la paridad nuclear, buscaba omitir el riesgo de poner en marcha el uso de armas atómicas con la consecuente potencialidad de la destrucción mutua. Tal practica condujo a su vez evitar la emergencia de un vencedor claro de la contienda a escala global. Sin embargo ello si facilito lanzar múltiples países a guerras civiles, y conflictos internos aún hoy latentes, muchos de ellos responsables de crisis insalvables, ya definidos como Estados Fracasados.

El desplome de la Unión Soviética, hizo pensar en la reducción de los conflictos internacionales, sin embargo el contexto de la unipolaridad que reino con posterioridad a 1990 permitió observar con claridad que las estrategias políticas de dominación puestas en marcha a nivel global por los EEUU, no cesaron y a cambio sirvieron de fomento a la conflictividad en el mundo

Las intervenciones unilaterales blindadas con justificaciones humanitarias inauguraron el periodo de la hegemonía visible por las escasas resistencias al uso unilateral y multilateral de la fuerza, caso de Yugoslavia donde permitieron en un primer momento eludir con facilidad los principios básicos que enmarcan las relaciones internacionales como la soberanía nacional, y el principio de no agresión, toda vez que se consideraba libre de todo juego geoestratégico a las potencias intervinientes, básicamente nucleadas en torno a la OTAN. Este escenario fue semejante al acontecido ya en Afganistán con la justificación de la guerra contra el terrorismo, y en la segunda guerra del golfo en Iraq. Sin embargo a la postre, la puesta en evidencia de los intereses ocultos de la agenda estadounidense en estas zonas mostrado por el contexto de la crisis mundial de los hidrocarburos terminó por fracturar de forma irreversible la confianza en las intervenciones filantrópicas, dando apertura a una Nueva Guerra Fría donde cualquier país o grupo de países que pongan en riesgo o en cuestión la supremacía estadounidense traducen potencial amenaza, y en consecuencia, como lo declara la doctrina de la guerra preventiva será suficiente causa para que sean intervenidos en cualquier momento, y ello por encima del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En síntesis se entiende según esta misma doctrina que los intereses estadounidenses se homologan con los principios civilizatorios, y la democracia, luego entonces son causa suficiente y necesaria para la justificación de la guerra.

Sin duda, los efectos de lo mencionado con anterioridad se observan en la escena política mundial donde la contienda se libra entre quienes están a favor o en contra del derecho internacional. El tsunami político arranca con los mas férreos defensores de la guerra de Iraq. Jose M. Aznar se precipita a manos de Jose L. Rodríguez Zapatero, en España, luego sobreviene el desplome de “il caimano” en Italia con Berlusconi derrotado por Romano Prodi, y la despedida del premier británico Tony Blair. Paralelamente se acentúan las diferencias en el Consejo de Seguridad entre EEUU, Rusia, China y por momentos Francia. La contrapartida, se pone a su vez en marcha con el ascenso de Angela Merkel en Alemania, que en medio del mundial de fútbol facturo una reforma histórica a su constitución de posguerra permitiendo la conformación hasta ahora prohibida de una fuerza militar ofensiva para su país. El relevo reciente de H. Koizumi en Japón Shinzo Abe asegura lo propio, que sumado al reciente lanzamiento del la OTAN como fuerza militar con carácter mundial, permite observar un ajedrez en pleno movimiento con protagonistas las potencias que disputaran la supremacía en la segunda guerra mundial, sólo con excepción de China, que por su emergente rol perfila actualmente su papel.

El bloqueo de las negociaciones de Doha, en el contexto de la OMC, que buscaban ajustar la tasa internacional de ganancias con base en la reasignación de precios plasmados a través de tratados comerciales de bienes, servicios y materias primas favorables a EEUU y la UE, el alto e interminable ascenso del déficit comercial estadounidense, y la crisis de los hidrocarburos obligan a efectuar las apuestas tanto para la prolongación del unilateralismo en declive, como la emergencia de un nuevo orden internacional en el contexto de la multipolaridad. El tiempo esta contando.