El concepto conflicto “interno” es aceptado, como descriptor de la situación de varias decenas de países
entre los que se cuenta Colombia. Si partimos de reconocer que en el contexto de un conflicto son múltiples causas y efectos los involucrados, el adjetivo “interno” hace alusión a que tales variables se inscriben en factores estructuralmente propios de los estados, o por lo menos que los elementos externos no son determinantes a la hora de valorar las lógicas u origen de los conflictos armados nacionales.
Puede afirmarse que la hipótesis que exhibía como factor estructural y explicativo de los conflictos a la pobreza, carece de suficiencia en tanto existen estados con gradientes de inequidad polarizantes sin embargo no poseen conflictos como tales, aún así, tampoco es concluyente negarlo en tanto los países con fuerzas insurgentes, o que se desenvuelven en medio del desequilibrio facturado por el crimen organizado o records importantes de violencia poseen como común denominador entre otros la pobreza.
Huelga decir que la característica de los retos a la estabilidad de los estados del tercer mundo desde el periodo de postguerra hasta fines de los ochentas eran los conflictos internos, donde los actores evidenciaban con facilidad su composición como sus móviles, toda vez que traducían mecanismos políticos que canalizaban la insatisfacción publica hacia los regímenes vigentes, proponiendo la constitución de nuevos estados. Era el periodo de descolonización, momento político que inscribió el nacimiento del mayor numero de naciones en el mundo, fenómeno que cubrió territorios desde África, Medio Oriente, Asia hasta el mismo continente Americano.
En la practica el periodo de descolonización contó con la aquiescencia de los Estados Unidos y la Unión Soviética, representando a su vez el declive y relevo de las potencias europeas que basaban su poder en las posesiones en ultramar, dando lugar a la emergencia del escenario internacional caracterizado ya por la capacidad y desarrollo económico e industrial llevado a cabo en el contexto de la guerra fría. En la práctica tal periodo finaliza con el desplome de la URSS y el ascenso de EEUU como potencia hegemónica. La unipolaridad tiene su primavera cuando extiende y comercializa el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación facilitando la interconexión de los mercados de valores del mundo dinamizando los intercambios, el desarrollo de los mercados financieros, en síntesis estructurando lo que se denominó la nueva economía. Sin embargo en medio del auge capitalista, la cara oculta del coloso estadounidense se configura consecuencia del incremento en la dependencia energética, como de la lenta pero progresiva ineficiencia del sector productivo mostrada por la tendencia en los acumulados negativos en la balanza comercial con relación a todas y cada una de las regiones del mundo.
La corrección se puso en marcha, y para ello se requirió la constitución de un ente que centralizara el comercio mundial partiéndose de las rondas de negociaciones hechas en Uruguay ya en los años sesentas(GATT) para terminar por condensar la figura de la Organización Mundial del Comercio(OMC); el objetivo era claro, buscar una renegociación de la tasa internacional de ganancia ya negativa desde entonces para EEUU, y que explica su déficit comercial. Es decir mientras el predominio allende el siglo XIX estaba determinado por las posesiones en ultramar, desde entonces el poder se tranza a través de las relaciones económicas, y luego entonces el control de los mecanismos o centros de arbitraje del comercio internacional, en combinación con medidas menos ortodoxas destinadas a justificar la injerencia en los asuntos internos de los países con destino el fomento de regímenes a fines a las lógicas impositivas establecidas por los EEUU.
La consumación de la política del departamento de estado a fin con la instauración de “gobiernos clientes” y la búsqueda de garantías de acceso a materias primas se evidencia cuando se cruza el mapa de recursos naturales con el de los países en medio de conflictos internos, observándose una correlación en la intensidad de los conflictos con la posesión de recursos excepcionales, escasos y costosos en el mercado internacional. Lo citado no exime de oportunidad en la creación de conflictos la esfera geopolítica como tal, sin embargo la localización de un bastión geográfico no es un fin en si mismo como un medio a través del cual se representan objetivos ciertamente económicos. A su vez es posible detectar de manera excepcional países en conflicto ya en la lógica de Estados Fracasados, es decir donde el estado es apenas una fachada mientras las relaciones sociales son determinadas a través de la violencia en un escenario de disputa continuada o en otro caso consecuente con el control obtenido por el Crimen Organizado.
Ahora bien, las justificaciones de los conflictos para consumo publico se entrecruzan con conceptos en la clave de la defensa de la seguridad internacional como lucha contra el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, lucha contra regímenes autoritarios o antidemocráticos, o guerra contra las drogas. Por este medio la injerencia se reviste de contenidos como “ayuda” o “cooperación” a los países en conflicto ocultando las determinantes y participación de terceros países evitando poner en entredicho la simulación referenciada e incuestionada del concepto compuesto de conflicto “interno”.
La guerra antidrogas o el caos creativo
La favorabilidad que los EEUU hacen del proceso de negociación en Colombia en el contexto de la ley de Justicia y Paz, evidencia la agenda hasta ahora velada de la política antidrogas del Departamento de Estado. En este sentido, es posible observar como la permisividad de traficar con drogas es facultativa para aquellos narcotraficantes que adhieran su participación in extenso con grupos u actividades paramilitares, es decir son condenados perseguidos y extraditados sólo los narcotraficantes “puros”. Es así como la guerra contra las drogas, es pues una acción punitiva “relativa”. Se comprende entonces, que la política antidrogas trasciende evidentemente la esfera de su propia doctrina u objetivo manifiesto traduciendo otros fines ya de carácter geopolítico; dicho de otra forma, con el interés estadounidense de garantizar su área de influencia a través de la instalación o mantenimiento en el poder de los países a “gobiernos clientes”. Algo semejante sucede con el derecho internacional de los derechos humanos referenciado entre otros por la Corte Penal Internacional, donde la laxitud, la mayor o menor demanda de cumplimiento de las leyes a su vez depende de la tensión que articula la geopolítica.
entre los que se cuenta Colombia. Si partimos de reconocer que en el contexto de un conflicto son múltiples causas y efectos los involucrados, el adjetivo “interno” hace alusión a que tales variables se inscriben en factores estructuralmente propios de los estados, o por lo menos que los elementos externos no son determinantes a la hora de valorar las lógicas u origen de los conflictos armados nacionales.Puede afirmarse que la hipótesis que exhibía como factor estructural y explicativo de los conflictos a la pobreza, carece de suficiencia en tanto existen estados con gradientes de inequidad polarizantes sin embargo no poseen conflictos como tales, aún así, tampoco es concluyente negarlo en tanto los países con fuerzas insurgentes, o que se desenvuelven en medio del desequilibrio facturado por el crimen organizado o records importantes de violencia poseen como común denominador entre otros la pobreza.
Huelga decir que la característica de los retos a la estabilidad de los estados del tercer mundo desde el periodo de postguerra hasta fines de los ochentas eran los conflictos internos, donde los actores evidenciaban con facilidad su composición como sus móviles, toda vez que traducían mecanismos políticos que canalizaban la insatisfacción publica hacia los regímenes vigentes, proponiendo la constitución de nuevos estados. Era el periodo de descolonización, momento político que inscribió el nacimiento del mayor numero de naciones en el mundo, fenómeno que cubrió territorios desde África, Medio Oriente, Asia hasta el mismo continente Americano.
En la practica el periodo de descolonización contó con la aquiescencia de los Estados Unidos y la Unión Soviética, representando a su vez el declive y relevo de las potencias europeas que basaban su poder en las posesiones en ultramar, dando lugar a la emergencia del escenario internacional caracterizado ya por la capacidad y desarrollo económico e industrial llevado a cabo en el contexto de la guerra fría. En la práctica tal periodo finaliza con el desplome de la URSS y el ascenso de EEUU como potencia hegemónica. La unipolaridad tiene su primavera cuando extiende y comercializa el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación facilitando la interconexión de los mercados de valores del mundo dinamizando los intercambios, el desarrollo de los mercados financieros, en síntesis estructurando lo que se denominó la nueva economía. Sin embargo en medio del auge capitalista, la cara oculta del coloso estadounidense se configura consecuencia del incremento en la dependencia energética, como de la lenta pero progresiva ineficiencia del sector productivo mostrada por la tendencia en los acumulados negativos en la balanza comercial con relación a todas y cada una de las regiones del mundo.
La corrección se puso en marcha, y para ello se requirió la constitución de un ente que centralizara el comercio mundial partiéndose de las rondas de negociaciones hechas en Uruguay ya en los años sesentas(GATT) para terminar por condensar la figura de la Organización Mundial del Comercio(OMC); el objetivo era claro, buscar una renegociación de la tasa internacional de ganancia ya negativa desde entonces para EEUU, y que explica su déficit comercial. Es decir mientras el predominio allende el siglo XIX estaba determinado por las posesiones en ultramar, desde entonces el poder se tranza a través de las relaciones económicas, y luego entonces el control de los mecanismos o centros de arbitraje del comercio internacional, en combinación con medidas menos ortodoxas destinadas a justificar la injerencia en los asuntos internos de los países con destino el fomento de regímenes a fines a las lógicas impositivas establecidas por los EEUU.
La consumación de la política del departamento de estado a fin con la instauración de “gobiernos clientes” y la búsqueda de garantías de acceso a materias primas se evidencia cuando se cruza el mapa de recursos naturales con el de los países en medio de conflictos internos, observándose una correlación en la intensidad de los conflictos con la posesión de recursos excepcionales, escasos y costosos en el mercado internacional. Lo citado no exime de oportunidad en la creación de conflictos la esfera geopolítica como tal, sin embargo la localización de un bastión geográfico no es un fin en si mismo como un medio a través del cual se representan objetivos ciertamente económicos. A su vez es posible detectar de manera excepcional países en conflicto ya en la lógica de Estados Fracasados, es decir donde el estado es apenas una fachada mientras las relaciones sociales son determinadas a través de la violencia en un escenario de disputa continuada o en otro caso consecuente con el control obtenido por el Crimen Organizado.
Ahora bien, las justificaciones de los conflictos para consumo publico se entrecruzan con conceptos en la clave de la defensa de la seguridad internacional como lucha contra el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, lucha contra regímenes autoritarios o antidemocráticos, o guerra contra las drogas. Por este medio la injerencia se reviste de contenidos como “ayuda” o “cooperación” a los países en conflicto ocultando las determinantes y participación de terceros países evitando poner en entredicho la simulación referenciada e incuestionada del concepto compuesto de conflicto “interno”.
La guerra antidrogas o el caos creativo
La favorabilidad que los EEUU hacen del proceso de negociación en Colombia en el contexto de la ley de Justicia y Paz, evidencia la agenda hasta ahora velada de la política antidrogas del Departamento de Estado. En este sentido, es posible observar como la permisividad de traficar con drogas es facultativa para aquellos narcotraficantes que adhieran su participación in extenso con grupos u actividades paramilitares, es decir son condenados perseguidos y extraditados sólo los narcotraficantes “puros”. Es así como la guerra contra las drogas, es pues una acción punitiva “relativa”. Se comprende entonces, que la política antidrogas trasciende evidentemente la esfera de su propia doctrina u objetivo manifiesto traduciendo otros fines ya de carácter geopolítico; dicho de otra forma, con el interés estadounidense de garantizar su área de influencia a través de la instalación o mantenimiento en el poder de los países a “gobiernos clientes”. Algo semejante sucede con el derecho internacional de los derechos humanos referenciado entre otros por la Corte Penal Internacional, donde la laxitud, la mayor o menor demanda de cumplimiento de las leyes a su vez depende de la tensión que articula la geopolítica.