Los años
noventa testimoniaron una de las más dramáticas transformaciones del mundo del trabajo en Colombia, cuando paulatinamente el empleo a termino indefinido no sólo se estancaba en su crecimiento sino que tendía a contraerse respecto al predominio de otras categorías laborales como el empleo in-formal, en síntesis la ocupación con salarios reducidos, y con afectación del derecho a la estabilidad; del empleo ilegal, cuya remuneración, pese al cumplimiento de las 48 horas semanales de labores, es inferior al Salario Mínimo Legal Mensual(SMLM) en el que se encuentra cerca del 40% de los ocupados del país, según el Banco Mundial, la tasa más alta de América Latina; y el empleo forzado, conocido también como Nueva Esclavitud, componente en la que se incluye la prostitución forzada de adultos, servidumbre por deudas, explotación comercial infantil, pornografía, turismo sexual, y el matrimonio servil, clasificación en la que nuestro país ocupa el tercer lugar en Latinoamérica según la Organización Internacional del Trabajo(OIT).
Una de las situaciones que explica tal transformación reside en un cambio fundamental de las estructuras productivas no sólo locales si no mundiales. Los noventas escenifican la inflexión de la teoría marxista del trabajo que concedía, pese a los desarrollos tecnológicos previstos desde el siglo XIX, que los incrementos de producción se efectuarían en paralelo al incremento de la fuerza de trabajo. Y es que en tal periodo se verifican las potencialidades de las revoluciones tecnológicas condensadas en los sistemas de automatización facilitados por los desarrollos en la informática y los procesadores, sobre los cuales descansa la facultad de producir más con menos trabajadores. Esta situación, hizo innecesaria la infraestructura que traduce la generación de capital social, in extenso del trabajo estable, que garantizaba la reproducción y calificación de la fuerza de trabajo. Fue así que los recursos económicos destinados a salud, educación, y servicios generales se reorientaron en su administración, en adelante concebidos como agregados económicos o mercados adicionales a gestionar por el sector privado, en correspondencia con el levantamiento de la moratoria que presuponía la exclusividad del Estado en la prestación de los mismos, y por sobre todo de la inmanencia de un nuevo proceso productivo que destaca por generar no demanda, si no excedentes de fuerza laboral.
Estos elementos constituyen las bases del Consenso de Washington, y las políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional, que toda vez que impulsan la privatización de las empresas y servicios públicos, garantizan el pago de las acreencias en correspondencia con la deuda externa e interna de los países, justificada en los requerimientos derivados de la regulación del déficit fiscal.
De otro lado, la creciente producción de la empresa tecnificada terminó por superar la demanda de los países industrializados haciendo útil la expansión, ya no de la capacidad productiva, si no de la penetración más intensiva de mercados de terceros países o bien regiones enteras del mundo. Tal situación motivó una nova división mundial del trabajo, agenciada por las instituciones de Bretton Woods,[Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, y posteriormente la Organización Mundial del Comercio(OMC)], donde las manufacturas o la producción todavía no automatizable(maquilas), es destinado como oficio a países del tercer mundo, de paso la oportunidad del auge de economías de carácter criminal, con mayor intensidad en Estados débiles, mientras la producción tecnificada, e ingente en consumos de energía, es concentrada por los países industriales. Así mismo, medidas destinadas al desarrollo industrial nacional serian nominadas peyorativamente como populistas o contrarias al progreso económico, es decir a la Globalización.
Este ordena-miento mundial del trabajo, desato la competencia entre países por la atracción de inver
sión extranjera, que sustituye como referente de inversión al Estado, a fin con la reducción de los costos salariales, aduaneros, e impositivos globales, en suma reglas de juego que evolucionan del marco local a la configuración de a-cuerdos regionales, o bloques económicos, que explican en gran medida el origen del Mercado Común del Sur(MERCOSUR), el Mercado Común Centro Americano, el Mercado Común Andino o el Tratado de Libre Comercio de Norte América, para el caso del hemisferio occidental. Del caso es recordar que la modificación del centro político latinoamericano hacia la izquierda trajo efectos inestimables respecto a los objetivos iniciales para los que se estimaba la conformación de los bloques económicos, conduciendo al MERCOSUR no sólo en dirección contraria a la de facilitar la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio para las Américas(ALCA), si no de convertirse incluso en su contraparte, destino que se refuerza con la adhesión de Venezuela, la solicitud de ingreso de Bolivia oficializada la semana que transcurre, y la invitación extendida de participación al gobierno ecuatoriano en cabeza del recién posesionado Rafael Correa.
En igual sentido, la estrategia ideológica que justifico el proceso de transito de economías centradas en el Estado, lo que tiene significado en la exclusividad de la explotación de recursos y la prestación de servicios esenciales, al modelo de Estado minimalista, incluyó una promi-nente campaña publicitaria, destinada a evidenciar las conocidas y no corregidas debilidades institucionales de la administración pública con el fin de sustentar su traspaso al sector privado, mostrado como garante de la eficiencia en la administración y prestación de servicios. La maniobra incluía promesas de mejoras en la calidad, la expansión de la inversión, ampliación de cobertura orientados a la universalización de los servicios a fin con la reducción de costos de acceso a los mismos, aspecto central que representaba los consolidados en negativo de la gestión pública.
De esta manera la fase neoliberal tuvo su primavera en los noventas. Mientras la escena mundial posterior a la segunda guerra, estuvo cifrada en buena medida por la Guerra Fría, en el contexto de la bipolaridad, a mediados de los noventas esta estuvo protagonizada por el auge de la Globalización, al compás de la hegemonía estadounidense. Los mercados financieros continuamente superaban records históricos en sus transacciones. El mercado accionario, regulado exclusivamente por empresas industriales del Dow Jones, vio nacer en la escena del mercado de valores las denominadas por Wall Street empresas de conocimiento -cual si las demás no lo fueran-, me refiero a las empresas de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, las punto com, y su indicador de eficiencia financiera el Nasdaq. Paradójicamente, los auges financieros avanzaban en paralelo con el incremento cabalgante del déficit comercial de EEUU con todas y cada una de las regiones del mundo, patentizando la monetarización de su economía, o el pago de los abultados deficits con impresión de billetes, en contraste con la perspectiva del balance a través del equilibrio productivo, colocando en entre dicho la solidez y sostenibilidad futura del mayor mercado del mundo. A la postre, el pinchazo de la burbuja financiera de las empresas de nuevas tecnologías, los ataques a las torres gemelas, el declive de empresas industriales insignes del Dow Jones, la amenaza de rotura de la burbuja inmobiliaria en 2007, la dependencia de importaciones de hidrocarburos, el relevo progresivo del dólar como moneda de referencia exclusiva de la economía mundial, y la ineficiencia productiva respecto a otros países como China, complementan la sumatoria de factores que constituyen la crisis en la que paulatinamente se sumerge la economía estadounidense, y de paso, el transito de la escena internacional provista por la Globalización a una emergente tendencia hacia una era contextualizada por el Terrorismo, y de paso la Xenofobia.
La cancelación de las acreencias con el Fondo Monetario y de su asistencia técnica de países como Venezuela, Uruguay, Argentina, Brasil, Rusia, con resultados saludables para el crecimiento de sus economías sumado a la drástica reducción en las demandas de prestamos a escala global a dichas entidades, confirman el declive y sustitución por la banca multilateral de los estados, de las instituciones de Bretton Woods, aspectos que simbolizan la depresión de la influencia estadounidense obtenida desde 1945, y que se prolonga en las infructuosas negociaciones destinadas a renegociar la tasa internacional de ganancia. Las primeras semanas de 2007 constituyen reveses en las solicitudes estadounidenses al gobierno de Beijing de valorizar el yuan, las negociaciones en Washington con Brasil para destrabar el ALCA, y la recién culminada reunión en Malasia del Grupo Asia Pacífico(ASEAN), donde tampoco se presentaron avances en las negociaciones de Doha, dando continuidad a una tendencia que sobreviene visiblemente desde 2005, y que coloca a EEUU en la escena de facilitar el transito pacífico a la multipolaridad o como se evidencia por su política internacional, la diplomacia de las cañoneras, la violación del derecho internacional, y la consolidación de la doctrina de la guerra preventiva, como formula para alargar su paulatino o-caso.
noventa testimoniaron una de las más dramáticas transformaciones del mundo del trabajo en Colombia, cuando paulatinamente el empleo a termino indefinido no sólo se estancaba en su crecimiento sino que tendía a contraerse respecto al predominio de otras categorías laborales como el empleo in-formal, en síntesis la ocupación con salarios reducidos, y con afectación del derecho a la estabilidad; del empleo ilegal, cuya remuneración, pese al cumplimiento de las 48 horas semanales de labores, es inferior al Salario Mínimo Legal Mensual(SMLM) en el que se encuentra cerca del 40% de los ocupados del país, según el Banco Mundial, la tasa más alta de América Latina; y el empleo forzado, conocido también como Nueva Esclavitud, componente en la que se incluye la prostitución forzada de adultos, servidumbre por deudas, explotación comercial infantil, pornografía, turismo sexual, y el matrimonio servil, clasificación en la que nuestro país ocupa el tercer lugar en Latinoamérica según la Organización Internacional del Trabajo(OIT).Una de las situaciones que explica tal transformación reside en un cambio fundamental de las estructuras productivas no sólo locales si no mundiales. Los noventas escenifican la inflexión de la teoría marxista del trabajo que concedía, pese a los desarrollos tecnológicos previstos desde el siglo XIX, que los incrementos de producción se efectuarían en paralelo al incremento de la fuerza de trabajo. Y es que en tal periodo se verifican las potencialidades de las revoluciones tecnológicas condensadas en los sistemas de automatización facilitados por los desarrollos en la informática y los procesadores, sobre los cuales descansa la facultad de producir más con menos trabajadores. Esta situación, hizo innecesaria la infraestructura que traduce la generación de capital social, in extenso del trabajo estable, que garantizaba la reproducción y calificación de la fuerza de trabajo. Fue así que los recursos económicos destinados a salud, educación, y servicios generales se reorientaron en su administración, en adelante concebidos como agregados económicos o mercados adicionales a gestionar por el sector privado, en correspondencia con el levantamiento de la moratoria que presuponía la exclusividad del Estado en la prestación de los mismos, y por sobre todo de la inmanencia de un nuevo proceso productivo que destaca por generar no demanda, si no excedentes de fuerza laboral.
Estos elementos constituyen las bases del Consenso de Washington, y las políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional, que toda vez que impulsan la privatización de las empresas y servicios públicos, garantizan el pago de las acreencias en correspondencia con la deuda externa e interna de los países, justificada en los requerimientos derivados de la regulación del déficit fiscal.
De otro lado, la creciente producción de la empresa tecnificada terminó por superar la demanda de los países industrializados haciendo útil la expansión, ya no de la capacidad productiva, si no de la penetración más intensiva de mercados de terceros países o bien regiones enteras del mundo. Tal situación motivó una nova división mundial del trabajo, agenciada por las instituciones de Bretton Woods,[Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, y posteriormente la Organización Mundial del Comercio(OMC)], donde las manufacturas o la producción todavía no automatizable(maquilas), es destinado como oficio a países del tercer mundo, de paso la oportunidad del auge de economías de carácter criminal, con mayor intensidad en Estados débiles, mientras la producción tecnificada, e ingente en consumos de energía, es concentrada por los países industriales. Así mismo, medidas destinadas al desarrollo industrial nacional serian nominadas peyorativamente como populistas o contrarias al progreso económico, es decir a la Globalización.
Este ordena-miento mundial del trabajo, desato la competencia entre países por la atracción de inver
sión extranjera, que sustituye como referente de inversión al Estado, a fin con la reducción de los costos salariales, aduaneros, e impositivos globales, en suma reglas de juego que evolucionan del marco local a la configuración de a-cuerdos regionales, o bloques económicos, que explican en gran medida el origen del Mercado Común del Sur(MERCOSUR), el Mercado Común Centro Americano, el Mercado Común Andino o el Tratado de Libre Comercio de Norte América, para el caso del hemisferio occidental. Del caso es recordar que la modificación del centro político latinoamericano hacia la izquierda trajo efectos inestimables respecto a los objetivos iniciales para los que se estimaba la conformación de los bloques económicos, conduciendo al MERCOSUR no sólo en dirección contraria a la de facilitar la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio para las Américas(ALCA), si no de convertirse incluso en su contraparte, destino que se refuerza con la adhesión de Venezuela, la solicitud de ingreso de Bolivia oficializada la semana que transcurre, y la invitación extendida de participación al gobierno ecuatoriano en cabeza del recién posesionado Rafael Correa.En igual sentido, la estrategia ideológica que justifico el proceso de transito de economías centradas en el Estado, lo que tiene significado en la exclusividad de la explotación de recursos y la prestación de servicios esenciales, al modelo de Estado minimalista, incluyó una promi-nente campaña publicitaria, destinada a evidenciar las conocidas y no corregidas debilidades institucionales de la administración pública con el fin de sustentar su traspaso al sector privado, mostrado como garante de la eficiencia en la administración y prestación de servicios. La maniobra incluía promesas de mejoras en la calidad, la expansión de la inversión, ampliación de cobertura orientados a la universalización de los servicios a fin con la reducción de costos de acceso a los mismos, aspecto central que representaba los consolidados en negativo de la gestión pública.
De esta manera la fase neoliberal tuvo su primavera en los noventas. Mientras la escena mundial posterior a la segunda guerra, estuvo cifrada en buena medida por la Guerra Fría, en el contexto de la bipolaridad, a mediados de los noventas esta estuvo protagonizada por el auge de la Globalización, al compás de la hegemonía estadounidense. Los mercados financieros continuamente superaban records históricos en sus transacciones. El mercado accionario, regulado exclusivamente por empresas industriales del Dow Jones, vio nacer en la escena del mercado de valores las denominadas por Wall Street empresas de conocimiento -cual si las demás no lo fueran-, me refiero a las empresas de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, las punto com, y su indicador de eficiencia financiera el Nasdaq. Paradójicamente, los auges financieros avanzaban en paralelo con el incremento cabalgante del déficit comercial de EEUU con todas y cada una de las regiones del mundo, patentizando la monetarización de su economía, o el pago de los abultados deficits con impresión de billetes, en contraste con la perspectiva del balance a través del equilibrio productivo, colocando en entre dicho la solidez y sostenibilidad futura del mayor mercado del mundo. A la postre, el pinchazo de la burbuja financiera de las empresas de nuevas tecnologías, los ataques a las torres gemelas, el declive de empresas industriales insignes del Dow Jones, la amenaza de rotura de la burbuja inmobiliaria en 2007, la dependencia de importaciones de hidrocarburos, el relevo progresivo del dólar como moneda de referencia exclusiva de la economía mundial, y la ineficiencia productiva respecto a otros países como China, complementan la sumatoria de factores que constituyen la crisis en la que paulatinamente se sumerge la economía estadounidense, y de paso, el transito de la escena internacional provista por la Globalización a una emergente tendencia hacia una era contextualizada por el Terrorismo, y de paso la Xenofobia.
La cancelación de las acreencias con el Fondo Monetario y de su asistencia técnica de países como Venezuela, Uruguay, Argentina, Brasil, Rusia, con resultados saludables para el crecimiento de sus economías sumado a la drástica reducción en las demandas de prestamos a escala global a dichas entidades, confirman el declive y sustitución por la banca multilateral de los estados, de las instituciones de Bretton Woods, aspectos que simbolizan la depresión de la influencia estadounidense obtenida desde 1945, y que se prolonga en las infructuosas negociaciones destinadas a renegociar la tasa internacional de ganancia. Las primeras semanas de 2007 constituyen reveses en las solicitudes estadounidenses al gobierno de Beijing de valorizar el yuan, las negociaciones en Washington con Brasil para destrabar el ALCA, y la recién culminada reunión en Malasia del Grupo Asia Pacífico(ASEAN), donde tampoco se presentaron avances en las negociaciones de Doha, dando continuidad a una tendencia que sobreviene visiblemente desde 2005, y que coloca a EEUU en la escena de facilitar el transito pacífico a la multipolaridad o como se evidencia por su política internacional, la diplomacia de las cañoneras, la violación del derecho internacional, y la consolidación de la doctrina de la guerra preventiva, como formula para alargar su paulatino o-caso.