martes, marzo 27, 2007

Bagdag, Bogotá, Kabul: tres piezas de un mismo concierto

Particularmente estos países sus guerras y conflictos tienen de común trascender la barrera de la guerra fría, continuar como parte la escena hegemónica de los EEUU, y pervivir en medio de la visible era de la transición multipolar. Comparten a su vez, la imposibilidad de conseguir la paz, salvo breves periodos, y el socavamiento continuado del Estado de Derecho.
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El capitulo de Bagdad bajo la influencia y amparo militar y diplomático de EEUU tiene relieve tras el ascenso de Sadam Hussein, y su papel como contrapartida al avance de la revolución iraní tras la caida del Sha y el ascenso al poder del Ayatola Komeini en Irán. Era la escena política en la que según Kissinger la guerra tenia como objeto que ambos se esquilmaran y disminuidos facilitaran las demandas de EEUU, que desde entonces cursaban el horizonte petrolero.
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Tras el fin de la guerra fría, y el relajamiento de las relaciones este-oeste, Sadam no sólo obtuvo logros políticos al interior del país, sino que puso en marcha medidas de carácter nacionalista e independentista, enmarcados en las ventajas que tales posturas reditan a los intereses familiares y de la casta en el poder. Los planes de expansión iraquí en territorios de Kwait, abrieron paso a la justificación estadounidense, avalada por Naciones Unidas, para poner fin al imperio del cliente que se sacude de su jefe, trayendo como resultado la primera guerra del golfo, y el comienzo de un bloqueo económico y una extensa zona de exclusión aérea a cerca de las dos terceras partes del país.
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Sin embargo, superando todas predicciones que estimaban una rápida caída de Hussein este permaneció incólume en el poder pero cada vez mas agresivo con EEUU, respondiendo con medidas lacerantes como desistir de continuar comercializado el petróleo iraquí en dólares. Y es en este contexto cuando se pone en marcha una segunda guerra, comenzada en marzo 20 de 2003, estimada para unas cuantas semanas de duración, pero que fuera de todo pronóstico aún no termina. A esta altura de la intervención paulatinamente se abre paso a un fraccionamiento de la nación medioriental por los grupos armados que unificadamente resisten al ejercito estadounidense.
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Por su parte, Colombia es una nación que con Iraq comparte el escenario de la guerra contra el terrorismo; en mesopotamia Hussein, en la nación neogranadina, las guerrillas y los grupos paramilitares. La ilegitimidad de los Estados los acompaña a ambos, y a estos se suma Afganistán en la lista de Estados Fracasados, corrientes por la perdida de capacidad de sus aparatos de justicia, el autoritarismo, la existencia de refugiados, desplazados internos, y altas tasas de homicidio. En términos de la violencia, como en Iraq, Colombia testimonio en los años noventas un clima de conflicto aunque con acento diferente procurado por el intento del narcotráfico por tomar control del estado, del que se originaron las bases de la continuidad y agravamiento en el tiempo de la estabilidad.

De hecho, los tres países se caracterizan por una perdida del control estatal de la escena rural, en constante disputa con clanes o grupos armados, mientras en las ciudades el actor estatal aunque mas visible, también es constantemente asediado por el Crimen Organizado, la corrupción, y los grupos rivales. El Plan Colombia, como la Tormenta del Desierto, y Libertad Duradera en Iraq, o la Operación Justicia Infinita ya en la era del terrorismo, aunque diferentes en los grados de compromiso de marins e infraestructura militar por parte de EEUU, en cualquier caso se conciben con el objetivo de reestablecer el control perdido por occidente, aunque siempre con el sinsabor de los magros resultados, evidenciado por reveses en cada caso mas o menos protuberantes. Así como EEUU pierde control de Irak tras el giro político de Hussein a fines de los ochentas, en Colombia se sucede tras la consolidación de un proyecto paraestatal con antecedentes desde 1998, conocido como Plan Birmania, mientras en Afganistán, tras la expulsión de los rusos a fines de los setentas por parte de los Talibanes, a la postre son estos mismos los que traducen un escollo a los planes estadounidenses de facilitar el transito de hidrocarburos por esta región, además que establecen estrecha relación con Al-qaeda. Colombia y Afganistán comparten también el hecho de que paulatinamente sus grupos armados toman gradualmente independencia económica a través de su inserción en la economía ilegal internacional prevista por el comercio de drogas ilícitas, cocaína y heroína, comercio de armas, y trata de personas, para terminar canalizando por esta vía el comercio de todo tipo de bienes lícitos, como esmeraldas, oro, o maderas preciosas. La persecución internacional del dinero proveniente de estas economías, sumado a la laxitud e incapacidad de los Estados donde tienen asiento las Organizaciones Criminales, conduce a estos últimos el intensificar las labores de lavado de activos comprometiendo indefectible y transversalmente la economía licita de estos países.

Sin duda que en la historia de esta triada de países hacen falta los capítulos que corresponden a la Panamá de Noriega, que de manera similar paso de ser aliado estadounidense a convertirse en su popular enemigo al comienzo de los noventas. La sutileza consistió en ofrecer refugio a los narcotraficantes colombianos de la era del Cartel de Medellín ya visiblemente confrontados por EEUU. La consecuencia, fue disponer un escenario expedito para la puesta en marcha del esquema de intervención militar del tipo “cirugía”, que combinaba la sorpresa, el uso de la guerra psicológica ligada a medios de comunicación, bombardeos de barrios populares, y lo que nunca ha de faltar, la comprobación en caliente de equipos militares reciente configuración, mientras paralelamente se desarrollaba la persecución en tierra del objetivo estratégico de la intervención, cual era la captura de Noriega.
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Panamá representa no sólo parte de la pasada historia colombiana en el antes y después de 1903, puesto que dicha intervención fue el preludio de la guerra que a la postre se trasladaría a Colombia y que tendría como mojón importante la muerte de Pablo Escobar en 1993, e hilos conductores del actual proceso asociado al poder de los grupos paramilitares.[1]
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La afirmación del presidente de EEUU G. Bush en el sentido de que la responsabilidad de los actos de agrupaciones terroristas compromete igualmente los Estados donde estos se asientan actualiza las justificaciones de las intervenciones del pasado, al igual que el concepto guerras del tipo “cirugía” evoluciona al contexto de las guerras preventivas. Aún así, y dada la escena emergente de la multipolaridad caracterizada por la condena tacita a las intervenciones unilaterales, en el contexto internacional, tal vez la región del hemisferio occidental donde los países contiguos a escenarios nacionales inestables concentran gradualmente el temor del escalamiento del conflicto allende sus fronteras es Colombia, y esto no sólo en el contexto de las acciones armadas, sino sobre todo por los efectos en la expansión de economías criminales asociadas. Nada mas observar las conclusiones del Secretario General de la Organización de Estados Americanos(OEA) J. M. Insulsa, respecto a las prioridades en cuestión de Seguridad Hemisférica, narcotráfico, crimen organizado, y comercio de personas, para comprender lo antes dicho[2].
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[1] El renacer “para” que ronda en Antioquia, El Espectador, Bogotá, 25 de febrero al 3 de marzo de 2007, investigación, pág.2ª.


[2] Insulsa aboga por agenda regional, El Mundo, Medellín 13 de febrero de 2007, internacional, pág. A11.