Más allá del rostro de 6 candidatos presidenciales en medio de la contienda electoral en curso se presenta una disputa política fundamental entre dos caras del uribismo luego de un cisma cristalizado a lo largo del último cuatrienio del gobierno Uribe. Por un lado está el Uribismo agrario sumado a un sector ligado a la especulación financiera y altamente dependiente de la protección del gobierno representado por Juan Manuel Santos mientras en el otro extremo se encuentra el sindicato antioqueño, también a fin a la especulación financiera, pero a su vez interesado-y aquí está el principal contraste-, en el desarrollo del comercio local, y sobre todo internacional, dado el carácter de su perfil industrial. El sindicato antioqueño es heterodoxo a la hora de hacer representar sus intereses en la escena electoral.
El sector industrial urbano y su componente rural, la agroindustria, son los principales damnificados de las maltrechas relaciones económicas de Colombia con buena parte del mundo, razón por la cual se comprende el interés de estos empresarios por romper los cercos a la globalización económica y política construidos como consecuencia del tono belicoso de la diplomacia de la administración Uribe ante las presiones internacionales relacionadas con la crisis de los derechos humanos que vive Colombia.
Representantes de este objetivo lo son Fajardo, Noemí Sanín, y hoy Mocus-, apuestas que según el ritmo de los acontecimientos se ponen en marcha, como que la alternativa Fajardo se modifica después del descalabro de las elecciones a Congreso; Sanín revisada luego de la ruptura protagonizada con Arias(respuesta del uribismo), y ahora la formula Mocus que pasa por buen momento, impulsado por un novedoso modelo mediático que no deja de ser eficaz si de amasar favor electoral se trata pero que genera nuevos movimientos en la tectónica de los proyectos políticos en juego.
Ahora bien, si de visualizar el proyecto Mocus se trata, ello puede lograrse observando el tipo de administración de la dupla Fajardo-Salazar en Medellín, el gobierno Mocus en Bogotá, o de otra forma revisando el discurso mocusiano en la contienda electoral. De la experiencia en la administración de la capital de la montaña puede advertirse los ribetes de una relación específica entre actores ilegales y la administración pública, digamos menos ruidosa que la observada durante el gobierno Uribe, algo que también busca la propuesta Santos, a lo que servirá Angelino Garzón en la Vicepresidencia, y en donde la herramienta comunicacional está en el desestimar la actividad(quizás la existencia) y poder del narcotráfico. Solo recordar los enojos de Fajardo ante publicaciones de National Geographic, Amnistia Internacional o Human Rigth Watch que en su gobierno hablaban sobre estos temas. O la descalificación de la administración de Medellín de las cifras reveladas esta semana sobre homicidios, y que daba a conocer un incremento del 45% en el indicador para los periodos correspondientes en los años 2009 y 2010.
Para conocer la postura de los verdes en el tema los derechos laborales la pregunta de Gustavo Petro en un debate televisivo sobre la posición de Mocus al respecto de la reforma laboral llevada a cabo por el gobierno Uribe que acaba con los recargos nocturnos y festivos a los trabajadores es poco inocente. Mocus respondió titubeando que la calificaba de “parcialmente” negativa, un contraste con los resultados de la investigación que sobre el tema realizo la Universidad Nacional y que reveló que tal reforma que entrego salario de los trabajadores a los empleadores, no produjo un solo empleo.
El ajedrezado mapa electoral que jugó a disminuir la visibilidad mediática del Partido Liberal, lo que afecto la opinión, las encuestas y de seguro su favor electoral-algo similar a lo aplicado a Petro-, y que como contraparte tiene como objetivo el posicionamiento en cada caso de los candidatos Fajardo, Sanín y Mocus evidencia lo rígido de los proyectos uribista, y del sindicato antioqueño.
Es comprensible. El interés del uribismo es hacer puente a su administración, y la del sindicato antioqueño llegar a direccionar con sus políticas el país, y en esto mezclar intereses con un partido como el Liberal o el Polo a todas luces fue calculado como contraproducente. Son muchos los temas tratados por estos proyectos considerados como inconvenientes.
Esto mismo traduce uno de los factores que explica el porqué la propuesta de acuerdo político entre los partidos liberal, polo y el partido verde(antes de la consulta), no tuvo futuro. El otro es el temor de Pardo y Petro por la división de sus partidos ante esta decisión, y en el caso de los verdes los obstáculos interpuestos por Peñalosa.
Pero este entramado juego del hoy, puede desatar lo hasta hace poco impensable. Consumada la hora de los acuerdos, el estancamiento en encuestas del Partido Liberal, el Polo, y la ruptura de los conservadores puede redundar en deslizamientos de grandes proporciones de caciques electorales y electores como tal hacia terceros partidos. Previsiblemente sectores del partido Liberal(sino es un paquete mayoritario), quizás otro grueso del partido conservador, y un sector del Polo migrará hacia la campaña de Santos. Otros sectores que se prevén minoritarios serán canalizados por los verdes. Otros más se quedaran en sus toldas aportando a los previsibles débiles aforos electorales. En este contexto que será de los partidos Liberal y Polo Democrático?
Puede concluirse a esta altura que erradicada la palabra concertación, y acuerdo político en la actual contienda electoral ha tenido como efecto el fortalecer al proyecto uribista, y que se presenta una reacción en la química electoral no prevista por el sindicato que amenaza con afectar la ya deficiente pluralidad política del país si observamos la situación de los partidos Liberal y Polo Democrático.