domingo, junio 14, 2009


Una nueva fase de la crisis

En EE.UU., las medidas encaminadas a paliar la crisis crediticia está a su vez, echando las bases para una nueva fase en la crisis económica internacional.

El origen de los recursos del Plan de rescate del gobierno Obama están significando un incremento de la deuda nacional estadounidense, algo que es interpretado por los dueños de dichos créditos como la posibilidad más cercana a una cesación de pagos, o de otra forma, un nuevo ciclo devaluacionista del billete verde, situación que en el mercado interno redunda en la caída del poder adquisitivo, y muy probablemente las restricciones de pago, y de compra de los ciudadanos norteamericanos, en síntesis los elementos que desataron la crisis en octubre pasado.

Es una paradoja. Mientras los recursos del Plan de rescate estadounidense reactivan momentáneamente los flujos de capital tanto en el mercado doméstico, como a nivel internacional, esto mismo ha impulsado la demanda de materias primas, y en tándem su precio, caso del petróleo que ya llega al techo de los 70 dólares por barril, a lo que sobrevendrá, como hace cerca de un año, la inflación de los bienes y servicios consumidos por los estadounidenses, reciclando el período de incremento de cartera morosa en los bancos, y el crash financiero.

La complejidad de este proceso se mide por las reacciones preventivas de países que desde ya buscan blindarse de un nuevo ciclo crisis, y de la devaluación del dólar.

En este sentido, tanto Brasil, como Rusia, han decido invertir sus recursos excedentarios, en bonos que respalda el Fondo Monetario Internacional(FMI), pero que diferente a los títulos valor más comunes estos permiten aminorar los equivalentes en dólares, lo que de hecho controvierte el carácter actual del dólar como moneda de referencia, y en consecuencia conduce “indirectamente” al ahogamiento de la economía estadounidense, y de su fórmula de financiamiento, la impresión de billetes.

De esta forma las características de la crisis que se avecina se presentan azarosas tal cual el comportamiento de los actores, cada quien tomando decisiones particulares. Así, mientras entre la banca de EE.UU. y Europa, se observa una coordinación de actividades, esto contrasta con las medidas adoptadas por los países del BRIC(Brasil, Rusia, India, China), o los países petroleros.

Por su parte los aprietos de la economía estadounidense, ya aprovechados por China desde los albores del siglo XXI, buscan ser capitalizados ahora por países como Rusia quien intenta ingresar al podio de la Organización Mundial del Comercio(OMC), una iniciativa obstaculizada por EE.UU.

Es un temor no infundado. Estados Unidos sabe que el ingreso de Rusia a la OMC permitirá afianzar las relaciones comerciales entre las europas occidental y oriental, y la proyección del área económica definida geopolíticamente como Eurusia, un paso más en la dirección del aislamiento norteamericano en el viejo continente.