El Polo que queda
La semana que pasa se dio a conocer una noticia al respecto del Polo Democrático que cambiará la historia de dicho partido, como el futuro del senador Gustavo Petro.
La información hace referencia a la decisión de Petro de lanzar su candidatura presidencial a 2010 al margen de la consulta interna del Polo Democrático.
En la práctica dicha decisión pone de relieve la existencia de un candidato, que aunque se reconoce del Polo, a su vez representa, según esta fórmula , un proyecto político diferente al definido por la dirección del PDA, y esto, pese a la justificación que esgrime Petro, en el sentido de que por esta vía, se allana el mandato político que sobreviene el II Congreso de dicho partido.
A esta altura, las apuestas políticas tanto del “Polo que queda” como del proyecto “evolución Colombia”, encabezado por Petro, se concentran en obtener el umbral en las elecciones de 2010, que permita la existencia política de unos como de otros.
En este sentido, quienes configuran la estrategia en torno al PDA, confían en su sello político, mientras por su parte, el proyecto “evolución Colombia” intenta tejer una serie de acuerdos multipartido, y a través de alianzas con organizaciones y movimientos sociales, con los cuales establecer una plataforma de mínimos que permitan la selección de un candidato presidencial y el lanzamiento de una lista a Congreso de la república en 2010.
Aún así, tanto la ruptura como la crítica ácida que se presenta en medio de este proceso, requiere de tiempos de maduración en el mediano y largo plazo para ser asimilados tanto por militantes del Polo como por los sectores allende el mismo, lo que si por la evolución de las encuestas se trata, traducirá en los próximos comicios el incremento de la abstención electoral actual, o en su defecto, el realce de la opción electoral del Sergio Fajardo, un candidato que como lo ha hecho la Alianza Social Indígena(ASI), compite en votos con el Polo Democrático, lo que en perspectiva, tiende a proyectar este comportamiento de lo regional, tal como hoy sucede en algunos departamentos como Antioquia, o Cauca, a una escala nacional.
Pero si se observa el estado de otros partidos la situación no es menos turbulenta. El anclaje en encuestas de los candidatos liberales , sumado a la reducción de su caudal electoral consecuencia de restar los votos involucrados en la parapolìtica, que presumiblemente ya no estarán, imprime aire al fantasma del umbral para dicho partido.
Y si del uribismo se trata, el amago de la reelección presidencial, ha llevado los candidatos presidenciales de los partidos conservador y de la U a supeditar su perspectiva política a la decisión presidencial, un efecto del control que a través de la burocracia ha granjeado el presidente Alvaro Uribe.