miércoles, marzo 04, 2009

Campañas a 2010

El brote de violencia que se presenta en algunas regiones del país, y que incluye la ciudad de Medellín tiene tintes políticos.

Los grupos paramilitares colombianos históricamente han utilizado la violencia con objetivos de carácter económico, político y social. A través de las investigaciones que por parapolítica adelanta la Corte Suprema de Justicia se reveló la existencia de su proyecto macro denominado “refundación de la patria”, y que por lo visto en el reciente informe de febrero 9 del 2009 del MAPP_OEA, mantiene su propio curso, verificada la actividad a nivel nacional de las "bandas criminales emergentes", que cuentan con 7000 efectivos.

La ola de violencia que actualmente se presenta, como en otras ocasiones, es mostrada por los organismos de seguridad como una actividad delincuencial aleatoria y aislada, pero perfila lentamente el nuevo rol político de los grupos paramilitares, en el escenario post ley de justicia y paz, y la demanda de renovados requerimientos a los gobiernos local y nacional en ejercicio, y una apuesta por la influencia de cara a los venideros comicios electorales.

El mapa de inseguridad que emerge esta focalizado en regiones de mayor influencia del paramilitarismo si se lo compara con el de las guerrillas. En las zonas rurales, de por medio están las franjas de cultivos ilícitos, y los puentes de comunicación con los puertos de exportación de cocaína.

Por su parte, la campaña del Uribismo encabezada por Juan Manuel Santos, tiene en la Operación Fenix, y el lanzamiento de la versión andina de la "guerra preventiva", en la que murio abatido el número 2 de las FARC en territorio ecuatoriano, Raúl Reyes, la modalidad publicitaria y carta de presentación en su expectativa política como candidato presidencial.

Así, las elecciones en 2010 se efectuaran a la sazón de la crisis económica-que según Salomón Kalmanovitz llevará al país a una contracción del 3% en 2009-, el producido anual de 600 toneladas de cocaína, y al auge del consumo de drogas en el mercado interno, en un país donde se consume un 130% más cocaína que la media de consumo mundial.