viernes, febrero 20, 2009

EE.UU ha dejado de ser el emisor del mundo

El establecimiento de Bretton Woods y la posterior renuncia unilateral de EE.UU a honrar la equivalencia oro dólar en 1973 convirtieron el billete verde no solo en la moneda de referencia internacional obligada como respaldo a los bancos y Estados, sino que colocaron de facto al Tesoro de los EE.UU. en el banco emisor del mundo.

Desde muy temprano en 2003 la previsión del abandono del dólar como moneda en las transacciones petroleras en el Iraq del gobierno Baas, uno de los factores que explica la intervención Estadounidense, inicio una tendencia luego imitada por Cuba.

Estas decisiones se surtieron paralelamente a la controversia internacional que se generaba como consecuencia de la política estadounidense de saldar su déficit comercial y de cuenta corriente con la impresión de billetes -un billón doscientos mil millones de dólares en 2008-, mientras los indicadores de producción industrial de EE.UU se marchitaban, las importaciones se incrementaban, y su economía interna centraba su dinámica en el consumo privado promovido a través de la especulación inmobiliaria, lo que hacía pensar peligrosamente en los límites de la refinanciación de las deudas hipotecarias, y el desplome de la economía estadounidense tal como sucedió en el tercer trimestre de 2008.

Así, el rostro del mundo financiero global se transformo de manera violenta e inusitada. Los bancos Bear Stearns, y Lehman Brothers, declarados en quiebra, así como Morgan Stanley y Goldman Sachs quienes abandonaron su rol de bancos de inversiones, vaciaron de liquidez el mercado de valores del mundo, y llevaron a una rigidez crónica el funcionamiento de las bolsas, lo que explica el cambio de tendencia en lo que respecta a la tasa de cambio, y específicamente la sobrevaluación del dólar respecto a otras monedas del mundo, que sobreviene posteriormente.

Es en este contexto que deben interpretarse las medidas puestas en marcha por el gobierno Obama, que van dirigidas al intento de reflotar e inyectar liquidez tanto al mercado local de la Unión Americana, como al resto del mundo a través de créditos por medio del Banco Mundial, y el Fondo Monetario, es decir como un hecho contingente, la sustitución forzada de la arquitectura financiera internacional.

Sin embargo, es precisamente en este punto donde se presenta el impase a la alternativa estadounidense. Y es que se ha renovado con fuerza la tendencia a eludir del comercio internacional el uso del dólar, visible por las declaraciones del primer ministro chino Wen Jiabao y el presidente ruso Vladimir Putin en el contexto del recién finalizado Foro Económico Global de Davos, Suiza.

La tendencia fortalecida por la decisión en 2008 de la república islámica de Irán de evitar realizar sus transacciones petroleras en dólares, se suma a la China de permitir realizar las operaciones comerciales internacionales de sus empresas en yuanes, y al hecho de que las reservas de los bancos centrales y privados del mundo paulatinamente se respaldan en canastas de monedas, -rematando continuamente las participaciones en dólares-, un giro a la exclusividad que hasta hace poco poseía el dólar americano en estos menesteres.

El abandono de la divisa yanqui se ve incluso en países históricamente influenciados por EE.UU como Colombia. En reciente visita del presidente andino Alvaro Uribe a Brasil, este acordó, a solicitud del presidente Lula da Silva, el uso de las monedas locales, el peso y el real, en sus relaciones comerciales, una extensión de la medida tomada por Argentina y Brasil, e impulsada en el Mercosur, lo que de hecho significa una medida suficientemente persuasiva a la idea del Tesoro estadounidense de seguir siendo el emisor mundial de moneda.

La ralentización del crecimiento económico mundial esta conduciendo al conjunto de países acreedores de la deuda de EE.UU al desbalance de sus presupuestos públicos(China), y la reducción de los superavits en cuenta corriente, un nuevo reto, debido a que los esfuerzos estadounidenses de otorgar valor al dólar, potencialmente puede tener como respuesta demandas en el pago de acreencias por países como Japón, China o los países petroleros del golfo, lo que inhabilita la opción de recuperación económica estadounidense, y en términos relativos, coloca al Tio Sam, en el lugar de financiador de las economías que hoy por hoy son sus principales competidores.

En medio de esta situación, la tesis que habla de un acuerdo China-EE.UU(Chimérica), que incluye a Japón, y otros países asiáticos, como fórmula de salida a la encrucijada gringa adquiere pertinencia, sin embargo el pulso entre estas dos potencias todavía no se despeja. Y es que las declaraciones incendiadas del secretario del Tesoro de EE.UU Timothy Geithner respecto a la manipulación que Pekín hace del yuan llevándolo a un menor valor respecto al dólar, se han flexibilizado, pero no es más que un cambio de estrategia. Como contrapartida el Congreso de EE.UU ha aprobado la ley conocida como “americano compra americano”, una regulación que representa no solo un obstáculo sino la violación de acuerdos comerciales logrados en el contexto de la Organización Mundial del Comercio(OMC), de esta forma existen amagos por parte de China de llevar a EE.UU a un litigio comercial de carácter internacional.

Igualmente esta en discusión la apertura de la conformación de un bloque paneuropeo que vendría desde las costas del Pacífico en territorio ruso hasta los confines de Europa occidental en la península Ibérica. La reciente cumbre de seguridad de Munich en la que EE.UU hizo público el mensaje de que supedita la instalación de misiles en república Checa y Polonia a un acuerdo con Rusia, unido al hecho de que Rusia congela el proyecto de instalación de misiles en Bielorrusia y Kaliningrado, y a la declaración de la cancillera Alemana Angela Merkel en el sentido de la necesaria revisión del concepto de seguridad europea, un coqueteo a las propuestas que en este sentido ha realizado de tiempo atrás Rusia, son señales ciertas en la constitución de un Nuevo Orden Internacional.