sábado, marzo 15, 2008

La tormenta perfecta II

En enero pasado el presidente venezolano Hugo Chavéz reconoce a la guerrilla colombiana FARC, el control de territorio, la categoría de ejercito, y una visión política que se asimila a la que orienta al gobierno de Venezuela, es decir de facto otorga un estatus de beligerancia, lo que de paso da nacimiento a un nuevo contexto subregional, previsiblemente caracterizado por relaciones comerciales binacionales en una escena del tipo “guerra fría”, y esto pese a la declaración de Río, a través de la cual se recuerda que, en cualquier caso, se deben respetar las fronteras y la soberanía de las naciones.
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Como se prometía el otorgamiento de la beligerancia a las FARC en enero de 2008 por parte del gobierno venezolano sirvió de apertura a un nuevo momento histórico en las relaciones políticas entre los países andinos, caracterizado por un Chavéz que de manera decidida, se convirtió en protagonista de la política doméstica colombiana.
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Las liberaciones de secuestrados de las FARC y las declaraciones ofensivas de Chávez hacia el presidente Álvaro Uribe trasladaron las emisiones y reportería de las noticias tanto de televisión como de los diarios colombianos a Caracas. El comercio binacional también fue afectado, conocida la decisión venezolana de ligar el intercambio de mercancías al levantamiento del estatus de terroristas a las FARC por parte del gobierno colombiano, sin duda decisiones que garantizan el escalamiento paulatino de las tensiones.
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Y es que el reconocimiento de la beligerancia a las FARC, en el caso colombiano, contradice de manera determinante no solo el eje de la política de seguridad colombiana, si no la base fundamental sobre lo que descansa el gobierno Uribe Vélez. De otra parte, es una especie de harakiri político. El reconocimiento de la beligerancia abre la compuerta al desmembramiento del país y esto, como sucede históricamente en los conflictos, se presenta al final de una guerra.
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A su vez, los efectos de la declaración del presidente Chavéz, el pasado 10 de enero, en el cual reconoce que la visión bolivariana que inspira a las FARC, se asimila a la que fomenta el gobierno venezolano, inaugura un momento en el que igual país formaliza su participación en el conflicto colombiano. Sin duda Estados Unidos practica una ingerencia en todos los órdenes en Colombia, al igual que el gobierno colombiano lo ha ejercido hacia su vecino país, sin embargo, la regionalización del conflicto a través de Venezuela, traslada, y esto como nuevo elemento, las tensiones entre Caracas y Washington a tierras colombianas, donde por su contexto, las controversias se acompasan por un teatro de operaciones esencialmente militar.
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Estos antecedentes sirvieron de antesala al curso que toman las relaciones binacionales andinas luego de la incursión ilegal del ejercito colombiano en territorio ecuatoriano, y la muerte del simbólico guerrillero de las FARC Raúl Reyes, sobre todo la militarización de la frontera, las restricciones en el comercio, y los amagos de nacionalización de compañías de inversores colombianos, por parte de Venezuela, y que tiene como fase de transición, las acuerdos logrados en la Cumbre de Río.
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Desde el punto de vista de la política domestica colombiana, las tensiones internacionales con los países vecinos, desplaza de foco la atención mediática que lograba las diputas entre el gobierno Uribe y el Polo Democrático. De por medio están las relaciones que este último granjeaba de congresistas estadounidenses, que tuvo en la reunión entre Thomas Shanon, Secretario para Asuntos del Hemisferio, y Gustavo Petro, uno de sus puntos mas importantes. A su vez, el Lobby del Polo advertía sobre los efectos negativos de la firma al TLC, cimentando la decisión estadounidense de articular las relaciones comerciales con los derechos humanos en Colombia, lo que explica, hasta hoy, el congelamiento de la firma del tratado, la intensificación de la supervisión en el avance de los procesos judiciales que sobre parapolítica y paramilitarismo están en marcha, y en el mismo sentido, un apoyo a instituciones como las altas cortes colombianas.
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Sin embargo, lo que se presentaba como un panorama adverso para el gobierno Uribe a nivel internacional tuvo en las tensiones tripartitas en la escena andina, por paradójico que parezca, la formula del gobierno colombiano para reencaminar la firma del TLC, y disminuir la intensidad a las presiones externas que aún los candidatos presidenciales, Obama y Clinton hasta algunos días manifestaron. Es así, como luego de la intervención colombiana en territorio ecuatoriano Obama y Clinton avalan complacientemente tal decisión, en el caso del TLC Bush eleva al grado de interés nacional su rúbrica, y como era de esperarse, lo articula al diferendo entre Venezuela y Colombia.
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La visita relámpago de la secretaria de Estado de Estados Unidos Condoleza Rice a fines de esta semana a Brasilia, Santiago y San Salvador, con tema central la postura de tales países respecto a las FARC, así como el raudo interés de Chavéz de una reunión que amilane las tensiones entre Colombia y Venezuela encarnan la celeridad que toman los acontecimientos , y las prioridades geopolíticas en juego.