
La rabieta del presidente Uribe conocidos los resultados electorales de la alcaldía de Bogotá en las que saliera vencedor Samuel Moreno deja entrever que lo vivido hace cuatro años no fue elaborado suficientemente, e interpretado por el primer mandatario como una veleidad de los bogotanos.
Hace cuatro años la aflicción condujo al presidente a ausentarse de la vida pública días enteros posterior a la publicación de los resultados, que llevaron a especular sobre su suerte en el mismo Wall Street. Hoy la esquizofrenia esta simbolizada por la resistencia a recibir protocolariamente al vencedor en palacio. Es probable que el revés del referéndum y la pérdida del control de la alcaldía se equiparen en impacto al efecto que produce el cohabitar más de dos largos años con el polo en el distrito capital, sin embargo, lo que acentúa el pesimismo de Uribe son las afirmaciones del Senador German Vargas Lleras en el sentido de que si la coalición uribista no se pone de acuerdo en un candidato único en las elecciones de 2010, la opción en segunda vuelta quedaría en manos de los partidos Polo Democrático y Liberal, lección que fue la antesala a la declaración del presidente respecto de la amenaza que se cierne sobre el país, o de otra forma las previsiones de una suerte de “catástrofe”.
Empero los efectos de la “crisis de octubre” explica como el repliegue sutil del Uribismo a la retaguardia en el departamento de Antioquia, avanzada con sigilo durante el gobierno Sergio Fajardo, ha dejado de traducir una política coyuntural tal cual se interpretaba la llegada del Polo a la capital, por una estrategia bien planeada. De hecho el lobby al TLC paulatinamente se centraliza en Medellín donde los “logros” de la ciudad como el metrocable, y los éxitos en el proceso de reinserción de las autod-efensas, la recuperación del orden publico por fuerzas estatales, y la reducción de la tasa de homicidios se presentan como contraste a las demandas del Congreso de EEUU en la reducción de la impunidad, el deslinde de las fuerzas militares de los grupos paramilitares, el cese de los homicidios políticos, como el fin de la persecución a quienes en el ejercicio de sus derechos demandan el cumplimiento de las obligaciones que por la existencia del Estado de derecho se derivan.
En cualquier caso, en esta escena la administración de Medellín omite y desoye los informes que contrarían sus lecturas entre ellos el informe del Crisis Group, titulado “los nuevos grupos armados en Colombia”, entregado en septiembre pasado por su vicepresidente Mark Schneider, en el que se concluye que la influencia de los paramilitares en la ciudad sigue “intacta”, y que da continuidad a los análisis realizados por Amnistía Internacional, Human Watch Right, a mas de los informes de organizaciones locales de derechos humanos y la misma personería municipal.
Paradójicamente, y no suficiente con lo infructuoso de los sucesivos desplazamientos del presidente a EEUU que recibieron como respuesta del representante Republicano Jerry Weller, integrante del subcomité de comercio de la Camara, como que “...Colombia no esta lista para un acuerdo, y nosotros le avisaremos cuando lo esté”, ahora se presenta algo similar pero a través de viajes copatrocinados por el gobierno nacional a tierras colombianas de funcionarios y congresistas estadounidenses, y que incluyen al Secretario de Comercio de los EEUU, Carlos Gutiérrez, el Embajador en Bogotá William Brownfield, la representante Comercial Susan Schwab, y una suma de Congresistas que ya ascienden a 40, a lo que el diario El Tiempo de Bogotá en su edición del 2 de noviembre interroga si tiene sentido cuando la mayor parte de esta comitiva es a fin al TLC y, como están las cosas, no decisoria a la hora de la aprobación del tratado.
A todas estas quizás la comprensión de los gremios económicos en cuanto a los fatuidad de los limites de Uribe en la defensa de sus intereses, y el objeto de abreviar las demandas internacionales sobre la justicia en el país, coloquen en marcha un plan de relevo para el primer mandatario, lo que hace pensar en figuras de su confianza provenientes de la zona donde abreva el Uribismo, es decir, de la propia ciudad de Medellín.
Hace cuatro años la aflicción condujo al presidente a ausentarse de la vida pública días enteros posterior a la publicación de los resultados, que llevaron a especular sobre su suerte en el mismo Wall Street. Hoy la esquizofrenia esta simbolizada por la resistencia a recibir protocolariamente al vencedor en palacio. Es probable que el revés del referéndum y la pérdida del control de la alcaldía se equiparen en impacto al efecto que produce el cohabitar más de dos largos años con el polo en el distrito capital, sin embargo, lo que acentúa el pesimismo de Uribe son las afirmaciones del Senador German Vargas Lleras en el sentido de que si la coalición uribista no se pone de acuerdo en un candidato único en las elecciones de 2010, la opción en segunda vuelta quedaría en manos de los partidos Polo Democrático y Liberal, lección que fue la antesala a la declaración del presidente respecto de la amenaza que se cierne sobre el país, o de otra forma las previsiones de una suerte de “catástrofe”.
Empero los efectos de la “crisis de octubre” explica como el repliegue sutil del Uribismo a la retaguardia en el departamento de Antioquia, avanzada con sigilo durante el gobierno Sergio Fajardo, ha dejado de traducir una política coyuntural tal cual se interpretaba la llegada del Polo a la capital, por una estrategia bien planeada. De hecho el lobby al TLC paulatinamente se centraliza en Medellín donde los “logros” de la ciudad como el metrocable, y los éxitos en el proceso de reinserción de las autod-efensas, la recuperación del orden publico por fuerzas estatales, y la reducción de la tasa de homicidios se presentan como contraste a las demandas del Congreso de EEUU en la reducción de la impunidad, el deslinde de las fuerzas militares de los grupos paramilitares, el cese de los homicidios políticos, como el fin de la persecución a quienes en el ejercicio de sus derechos demandan el cumplimiento de las obligaciones que por la existencia del Estado de derecho se derivan.
En cualquier caso, en esta escena la administración de Medellín omite y desoye los informes que contrarían sus lecturas entre ellos el informe del Crisis Group, titulado “los nuevos grupos armados en Colombia”, entregado en septiembre pasado por su vicepresidente Mark Schneider, en el que se concluye que la influencia de los paramilitares en la ciudad sigue “intacta”, y que da continuidad a los análisis realizados por Amnistía Internacional, Human Watch Right, a mas de los informes de organizaciones locales de derechos humanos y la misma personería municipal.
Paradójicamente, y no suficiente con lo infructuoso de los sucesivos desplazamientos del presidente a EEUU que recibieron como respuesta del representante Republicano Jerry Weller, integrante del subcomité de comercio de la Camara, como que “...Colombia no esta lista para un acuerdo, y nosotros le avisaremos cuando lo esté”, ahora se presenta algo similar pero a través de viajes copatrocinados por el gobierno nacional a tierras colombianas de funcionarios y congresistas estadounidenses, y que incluyen al Secretario de Comercio de los EEUU, Carlos Gutiérrez, el Embajador en Bogotá William Brownfield, la representante Comercial Susan Schwab, y una suma de Congresistas que ya ascienden a 40, a lo que el diario El Tiempo de Bogotá en su edición del 2 de noviembre interroga si tiene sentido cuando la mayor parte de esta comitiva es a fin al TLC y, como están las cosas, no decisoria a la hora de la aprobación del tratado.
A todas estas quizás la comprensión de los gremios económicos en cuanto a los fatuidad de los limites de Uribe en la defensa de sus intereses, y el objeto de abreviar las demandas internacionales sobre la justicia en el país, coloquen en marcha un plan de relevo para el primer mandatario, lo que hace pensar en figuras de su confianza provenientes de la zona donde abreva el Uribismo, es decir, de la propia ciudad de Medellín.