El siglo pasado sirve como referente a las arbitrariedades y persecución a investigadores que se atrevieron a cuestionar directa e indirectamente el orden establecido. Galileo y su teoría de la Gravitación Universal tuvo que padecer las persecuciones de la iglesia en tanto sus explicaciones al fenómeno natural omitía estructuralmente la mano de Dios, siendo condenado por la iglesia a la perdida de la libertad y a la excomunión. Sólo siglos más tarde, ya en albores del siglo XXI, el papa Juan Pablo II reconoció la equivocación histórica de la iglesia, y en un intento de enmendar el error levanto los efectos de la condena sobre uno de los precursores de la física clásica y moderna, sin el que no pudiese pensarse en buena parte de las sucesivas revoluciones científicas como tecnológicas que a la postre se presentaron y se continúan desarrollando. Aunque las instituciones sobre las que descansa el orden y poder establecido para cada época goza de la riqueza de ejemplos justificadores de la arbitrariedad, desde mediados del siglo XX la reedición de dicha anomalía resulta, como en casos anteriores, patética, pero con compromisos diferentes respecto a las expectativas e impactos que el desconocimiento de dichas investigaciones puede acarrear.
Y ya no es el tema del desconocimiento de la teoría de la gravitación universal sino los resultados de las investigaciones sobre la situación del medio ambiente en el planeta. Diversos informes anuncian como se esta presentando un cambio en el comportamiento del clima, la perdida de cultivos, de especies, y los efectos de la contaminación de océanos.
Existen a su vez factores “inestimables” en la perturbación de los ecosistemas naturales, la perdida en muchos casos irreversibles de la diversidad, la imposibilidad que se realicen los procesos adaptativos y evolución de la vida vegetal y animal de la que dependen íntimamente la supervivencia humana, en un ciclo que va desde los epicentros del control del clima, como la situación de la estela de plancton en los mares, hasta la posibilidad de la existencia de especies vivas de donde se sintetizan medicamentos presentes y potencialmente futuros, para el control de enfermedades.1
Aunque se afirma que las afectaciones humanas al entorno son generales, se señala como origen de las problemáticas los países con mayores consumos de materias primas. El Protocolo de Kioto y las estimaciones de Naciones Unidas localizan los países desarrollados, como responsables de las mayores emisiones, y producción de contaminantes.
En este sentido, los soportes estadísticos ayudan la comprensión de lo antes afirmado. EEUU consume nueve veces los suministros energéticos de Canadá, y 86 veces los de Colombia. Respecto a los consumos de energéticos per cápita, EEUU supera a Brasil en 10 veces, a Argentina 5, a Colombia 12, y a Guatemala 38. En términos de las emisiones per cápita de CO2(bióxido de carbono), un estadounidense medio produce 20.8 toneladas anuales, mientras un paraguayo produce 0.8, y un colombiano 1.82.
Desde el punto de vista de los impactos globales consecuencia del consumo y manufactura de bienes y servicios, se estima respecto a la biodiversidad, que más de 34 mil especies(12% de la flora mundial) está en peligro de extinción, recordando que de cada planta superior que desaparece se lleva consigo por lo menos otras 30 especies(insectos, hongos, bacterias). La expectativa económica de las empresas orientada a la masificación del comercio ajustan a su vez la reproducción y aprovechamiento estandarizado de algunas especies animales con soportes en desarrollos de la ingeniería genética, fármacos específicos para control de enfermedades, y engorde mediante técnicas hormonales, está conduciendo paralelamente a que otras razas domesticadas estén desapareciendo a razón de 5% anual, o lo que es lo mismo, 6 razas por mes.3
La producción agrícola mediante cultivos industriales esta conduciendo al agotamiento de aguas freáticas dulces, una de las expresiones del fenómeno de la desertificación de la tierra4, que en zonas costeras implica la perdida del equilibrio hidráulico de las capas de tierra inferior, conduciendo al agua salada de mar a copar los lugares de reserva de agua dulce en capas inferiores. De recordar que el agua dulce es apenas el 0.5% de la que existe en el planeta, la cual se irriga mediante la lluvia y el deshielo que aportan entre 40-50 mil Km cúbicos de agua dulce cada año, pero a la cual la demanda poblacional e industrial duplica cada veinte años, lo que para el Foro Internacional sobre Globalización, para el año 2025 llevaría a que los requerimientos puedan superar el 56% la oferta anual actual.5
La situación de los océanos es igualmente desconcertante. La explotación intensiva de maderas, y minerales preciosos, responsable de la desaparición a una tasa del 0.9% anual, o lo que es lo mismo, 29 hectáreas por minuto de la capa vegetal de protección de selvas, y sab
anas, facilita como en el caso del río amazonas en América del Sur, que se arrojen por esta vía al Atlántico sur unas 900 millones de toneladas de sedimentos anuales, o las más de 1 100 toneladas de suelo que el río Huang-ho en China lanza al océano índico,6 lo que configura a su vez una de las causas que explica porque entre el 60 y el 70% de los arrecifes de coral del mundo pueda desaparecer en una generación. En consecuencia, por lo menos el 70% de las especies marinas del mundo están en peligro, a la par que drásticamente se reducen las expectativas de pesca a mar abierto.7 La perspectiva previsible del aumento entre 2-3 grados centígrados de temperatura global promedio, según el Banco Mundial, reduciría entre un tercio y la mitad la masa de glaciares de montaña, elevando a su vez el volumen y nivel de los mares con efecto sobre las poblaciones ribereñas un 70% del total mundo, llevando incertidumbre a la vez a un tercio de las especies que sobreviven en las selvas.
El padecimiento de los rigores de los efectos previstos años atrás continúan con la afectación de la capa de ozono, la progresión del cáncer de piel, la emergencia de enfermedades como la gripe aviar, y las mutaciones de enfermedades antes erradicadas, el derretimiento de los polos, el incremento del nivel del mar, el hundimiento de las costas e islas, la nueva generación de plagas y supermalezas, la erosión de las especies naturales, y la inmunidad a los medicamentos como efecto del uso indiscriminado de fármacos, la mutación de las enfermedades, y la variación de la composición de alimentos y hábitos alimentarios de las personas.
Paradójicamente, por mucho tiempo se sostuvo que los fenómenos descritos como el cambio climático, como lo plantearan investigadores estadounidenses, no dependía de la acción humana, y más bien eran comportamientos propios de la naturaleza, que en ciclos tenderían a un nuevo equilibrio, sin embargo, luego de una considerable colección de evidencias, el panel intergubernamental de Naciones Unidas, aunque reconoce procesos naturales de por medio, estima de manera determinante la acción humana, llamando al compromiso de los países al cumplimiento de regulaciones ambientales que mitiguen lo ya inevitable del proceso en marcha, entre otros, el Protocolo de Kioto, del que EEUU en la actualidad no hace parte.
Sin duda que la revolución francesa represento un giro determinante en la cosmovisión que oriento por siglos el desempeño de la actividad humana, lo que requirió básicamente una revolución de las ideas, el nacimiento del enciclopedismo, el avance del racionalismo, y los albores de la ilustración. Tras el tiempo cumplido de las previsiones, y la magnitud que toman los efectos adicionales de las mismas, queda en el aire el interrogante, si la humanidad podrá modificar el actual paradigma relacional antes que el cataclismo en marcha, adquiera los ribetes de la destrucción irreversible del planeta.
1 Los estimativos hablan de una pérdida de diversidad diaria de unas 246 especies, en el escenario techo. El siglo ETC, erosión, transformación, tecnológica y concentración corporativa en el siglo XXI, Pat Roy Mooney, Canadá, Dag Hammarskjold Foundation, 2002, pág 15.
2 Informe sobre desarrollo mundial 1998/1999, Naciones Unidas, cuadro 10, pág 208.
3 Ibid, pag 16.
4 El 37% de los 1500 millones de hectáreas cultivada ha sido erosionado desde la Segunda Guerra Mundial, y cada año entre 5 y 12 millones de hectáreas sufren erosión grave, a un costo de sustitución de nutrientes/fuentes de irrigación de aproximadamente unos 250 000 millones de dólares anuales. Fuente: Ibid, pág 15.
5 Ibid pág 17.
6 Ibid, pag 16
7 Ibid, pag 16
2 Informe sobre desarrollo mundial 1998/1999, Naciones Unidas, cuadro 10, pág 208.
3 Ibid, pag 16.
4 El 37% de los 1500 millones de hectáreas cultivada ha sido erosionado desde la Segunda Guerra Mundial, y cada año entre 5 y 12 millones de hectáreas sufren erosión grave, a un costo de sustitución de nutrientes/fuentes de irrigación de aproximadamente unos 250 000 millones de dólares anuales. Fuente: Ibid, pág 15.
5 Ibid pág 17.
6 Ibid, pag 16
7 Ibid, pag 16