Desde fines de los años noventas en Colombia se consolida una nueva modalidad de comunicación, la sociedad establece sus relaciones y define su quehacer en función de la información que circula esencialmente por televisión, y la internet. Un colombiano esta frente a su televisor 6 horas al día, y según el DANE el país tiene 82 suscriptores a internet por cada 1000 habitantes, que en el nivel nacional significa un impacto a 15 millones de personas.
Esta forma de comunicación hilvanada con los vaivenes del conflicto permite comprender como el país y sobre todo sus gobiernos han logrado modular la efervescencia social que traen las crisis económicas, y a lo largo del tiempo, la “estabilidad” de una sociedad con niveles del 46% respecto de la pobreza.
La articulación mediática con el conflicto fue visible durante la crisis económica en 1999, una de las más protuberantes en la historia económica de Colombia, que pudo ser motejada con la televisación de los diálogos de paz con las guerrillas, y la actividad violenta de los grupos paramilitares. Era la época en la que según el ministro de hacienda de entonces, Juan Manuel Santos se requería de “sudor y lágrimas” para salir de la crisis.
La modificación de la atención en torno a la crisis económica no era una tarea fácil en medio de la pérdida de la propiedad de los inmuebles por parte de las familias contadas por cientos de miles, niveles de desempleo superiores al 20%, y una contracción económica del 6%, sin embargo con la idea de que el conflicto era el origen de todos los males, y por antonomasia su fin permitía la redención social de Colombia, se logró el cometido de sacar de la primera plana de los medios los titulares asociados a la crisis económica.
Tras el auge económico internacional en 7 años del gobierno Uribe que permitiera crecimientos económicos superiores al 7%, y la derrota política y militar de las guerrillas-no siendo así para el caso de los paramilitares-, el momento de las vacas flacas ha llegado nuevamente ahora acentuado con el carácter de una crisis del sistema económico vinculado al agotamiento de materias primas como comprobación de la vieja tesis de “los límites del crecimiento”, la crisis del modelo especulativo internacional basado en el dólar, el desacoplamiento de las principales economías del planeta, y el declive de la hegemonía estadounidense.
La crisis económica actual ha sido sacada de foco con la crisis regional entre Colombia, Venezuela, y Ecuador, con televisación de cumbres icónicas como la cumbre de Río realizada en Santo Domingo en 2008, y más recientemente Unasur en Bariloche Argentina en agosto de 2009, las que a su vez sirven al oficio de apalancar la reelección del presidente Uribe, que en encuestas se debilita en su favorabilidad.
Los 500 mil colombianos que pasaron a la informalidad en el último año, y el freno en el consumo consecuente con niveles inflacionarios solo vistos en 50 años están quedando de lado, igual que la cartera morosa de los bancos, es decir la crisis de la clase media, que ha crecido un 60% desde hace un año. La caída en las exportaciones es también considerable que en el transcurso de 2009 llega a ser del 20% respecto de 2008, particularmente las exportaciones de petróleo en dólares se deprimen un 39,4%, y el café cerca de 21%, lo que hace prever que la situación no mejore en el futuro próximo, más aún si se relaciona el hecho de que economistas destacados auguran un septiembre negro en las bolsas internacionales.
