jueves, enero 22, 2009

Las expectativas mundiales a espera de respuestas

Un vistazo por los gobiernos del mundo industrializado en los últimos años muestra como los factores que por mucho tiempo perfilaron los contornos de la política en el “tercer mundo” lentamente se desplaza a los países de latitud norte.

El fantasma que recorre Europa en esta ocasión es el debilitamiento de las economías locales, mezclado en ocasiones, con mayor o menor intensidad, según el país, con asuntos de carácter político sobre todo luego de la invasión de Iraq en 2003, y con aspectos de tipo étnico, y cultural.

Uno de los campanazos importantes de este proceso se da en Alemania tras la caida del gobierno rojiverde de Gerarl Schroeder que permitió desde 2005 el ascenso de Angela Merkel, donde se superpone una cuenta de cobro al escándalo por la participación del gobierno en las detenciones ilegales en el contexto de la guerra contra el terror y los números deprimidos en la economía. La alianza socialdemócrata y el partido verde Alemán vieron como las propuestas enarboladas por los conservadores que planteaban la necesidad de una reestructuración económica a la usanza del consenso de Washington que incluía privatizaciones, recortes al seguro social de desempleo, flexibilización laboral, y mayores controles a la inmigración, como fórmula de salida a la ralentización económica, eran acogidas por los votantes, aunque no de manera absoluta, visto por la casi paridad en los resultados electorales, donde los conservadores se exigieron en un acuerdo entre los partidos liberal, CDU, y otros minoritarios.

Italia es otro mojón particular. En 2006 la mezcla de corrupción, el apoyo a la invasión de Iraq, y el deficiente comportamiento de la economía llevaron a la caída de Berlusconi, y la llegada al gobierno de una coalición favorable a la izquierda representada por Romano Prodi. Sin embargo, la falta de una estrategia política y económica, más allá del rechazo y compromiso con la salida de los militares italianos de Iraq, facilito el trabajo de romper el débil acuerdo favorable al gobierno recién instalado, lo que llevó a la postre, al retorno en 2008 de Berlusconi al poder.

Francia también observó como en mayo de 2007 el proyecto encabezado por Nicolas Sarkozi vencía la candidata socialista Segolene Royal, en un set electoral semejante al sucedido en Alemania donde el tema económico se inscribió en aspectos como nacionalización o de otro lado la repatriación de los emigrantes ilegales.

Más al norte de Europa, Gran Bretaña en medio de la expresión de un contagio, tuvo en Tony Blair el epicentro para la impopularidad que terminó por afectar al mismo partido laborista. La capacidad de timonear el temporal en medio de la caída del premier británico, quien avanzaba en su propia agenda neoliberal, como las limitaciones que se imponía tanto al acceso como a la calidad del seguro social, logró por lo menos tender un puente a la gobernatura laborista en 2007 de Gordon Brown, aunque las promesas de recuperación económica al día de hoy le son totalmente adversas, asunto que motiva los aires independentistas de Escocia en el norte del país, y la nacionalización de la totalidad de la banca en el Reino Unido.

En la península Ibérica la situación no es menos movediza. Tras la retoma del poder por los socialistas en España desde marzo de 2004, a través de Zapatero, y en el caso de Portugal por Sócrates en igual mes de 2005, las expectativas de consolidación económica, no sólo se han venido a menos sino que representan actualmente la justificación para el abandono del Euro como moneda de referencia para ambos países planteando la necesidad de recuperar sus monedas nacionales, lo que impulsan con Grecia e Italia, un jaque al proyecto de unidad europea.

En las costas de Europa sobre el mar del Norte las cosas no van mejor. Las tensiones económicas han erizado en Bélgica los intereses de la población del norte de habla holandesa y los del sur de lengua francesa, en un país que por su estabilidad es la casa de residencia de la OTAN, lo que ha llevado a que se dificulte no sólo un acuerdo de gobierno sino la apertura de la controversia cultural e incluso se hable de una escisión.

El capítulo en América lo tiene otro país estable, Canadá, donde los efectos de Irak y la crisis económica también tienen su propio espacio, llevando a tambalear la coalición de gobierno encabezada por Stepehn Harper.

Y esto sin hablar de EEUU, quien corona a esta altura este proceso, donde la llegada Barack Obama representa no solo la inconformidad con el gobierno saliente, sino como la señal ante las demandas de cambios que persiguen los ciudadanos en el mundo.

Como se ve en este recuento, la carta electoral y la opción democrática, tiene expresión en los principales países de Europa, y auque se omite en la descripción, también ya ha sucedido en buena parte de Latinoamérica.

Entramos pues a un momento en que los resultados esperados de acuerdo a las expectativas entra a constante revisión.

¿Que sucederá en caso de que las respuestas y demandas no sean atendidas?