lunes, julio 30, 2007

El estado soy yo

Las posturas recientes del presidente Uribe, respecto a las declaraciones de la Corte Suprema sobre la sedición, nos recuerdan la disputa por la sobrevivencia de la monarquia europea cuando la revolución francesa daba un giro mas a la rueda de la constitución del Estado Moderno en el siglo XVIII. Era la colisión entre la visión política suscrita al poder omnimodo del monarca, y en adelante considerado causa de la tiranía, y el advenimiento del ideal ilustrado de la declaración universal de los Derechos humanos, que definia por naturaleza la igualdad entre todos los seres humanos, y como uno de los mecanismos de garantía de este derecho la división de poderes.
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Semejante, porque para el presidente la independencia del poder judicial es una entelequia, que ayer como hoy coloca en cuestión su aspiración y meta de constituir un gobierno absolutista, y que en la actualidad representa una talanquera a los acuerdos efectuados con los grupos paramilitares, herederos de la visión feudal de la administración del Estado, y con los cuales posee una considerable identificación.
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Por supuesto que el rol de la posesión de la tierra evoluciona, conforme la sociedad, y sus expectativas politicas cambian. Si bien la revolución industrial termino por modificar el orden feudal respecto a la prevalencia de la posesión de la tierra como valor fundamental, lo cierto es que la crisis energetica, y sobre todo el tramite a la misma, que orienta el desarrollo economico y energetico futuro, ligado a la explotación de energeticos provenientes del sector agricola, relocaliza un juego de intereses vivido siglos atras, acentuado en países como Colombia, donde la fatuidad de la existencia del Estado de Derecho, es puesta en cuestión.
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De por medio esta también la oportunidad de materializar principios liberales como el acceso a la propiedad, o a la seguridad, fundamentos socavados hasta la saciedad, conocido los millones de hectareas que los jefes paramiliares han acumulado a traves de medios violentos, despojando de sus posesiones a millones de campesinos colombianos.
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La conquista del neofeudalismo es pues el control de tierras para la producción de combustibles a traves de cultivos intensivos de caña de azucar, en la producción de etanol, y palma de aceite para la producción de biodiesel, lo que conducira, como en el pasado a que las tierras fertiles usadas para ganadería intensiva, sean destinadas a la producción de insumos destinados a la "alimentación" de vehículos para uso privado.