viernes, enero 07, 2011

Visitando el Oriente Antioqueño

El fin de año me di un paso por la región más alejada del sur oriente antioqueño en límites con con el departamento de Caldas, una región golpeada por sucesivas violencias en los últimos 20 años.
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Me reencontré con un lugar que se me hace singular tanto por la particularidad del serpenteo que allí posee la cordillera central de los Andes, coronado con el cerro de los parados a 3350 metros sobre el nivel del mar, como por el hecho de que estoy unido sentimentalmente al municipio de Nariño, destino final de mi viaje.

Allí muy temprano en la mañana, el espectáculo está a cargo de un fenómeno natural que se repite desde que nací en dicha región. A eso de las seis de la mañana se ve crecer una bruma profundamente blanca proveniente de los arroyos que caen por los pliegues de las montañas y desde el cañón de los ríos San Pedro y Venus.

En su paso por la cabecera municipal, la neblina blanquea la plaza casi hasta desaparecerla, mientras baña con pequeñas gotas de rocío, o a veces con raudos aguaceros, las sinuosas calles y tejados del poblado.

Sin duda, la producción de agua es una riqueza de la región, y si se mezcla con el que aún existen zonas extensas de vegetación se concluye que también posee una importante biodiversidad.

Desafortunadamente, Nariño fue golpeado a fines de los años noventas por dos tomas guerrilleras en las que por acción de la dinamita y los cilindros bomba cargados de combustible desaparecieron la mitad del marco de la plaza principal e incineraron una tercera parte de la calle del comercio, una de las principales arterias de la población.

Con la guerrilla también llegó la coca y las muertes. La lista es larga. El municipio vio como los rudimentarios avances de la administración pública y las instituciones locales prácticamente sucumbieron en medio de la confrontación entre guerrilla y militares.

Hoy parece existir una luz al final del camino. La reconstrucción ha sido lenta pero sin lugar a dudas hay importantes avances. Sin embargo, queda pendiente la recuperación agrícola del municipio deprimida tanto por la crisis económica como por el embate de los cultivos ilícitos. El lavado de activos a través de la compra de tierras y bienes inmuebles es igualmente un reto.

De recordar, que según estudios de la gobernación de Antioquia, un 60% de la población ha cruzado por episodios asociados a problemas mentales, un factor que muestra la necesidad de apoyos que van más allá de las inversiones en infraestructura.

Ahora, la base de la recuperación del tiempo perdido, está en la construcción de ciudadanía atada al desarrollo de la economía lícita. Hay ambiente para ello. Ojala se aproveche esta coyuntura y el ánimo que se siente en muchos lugareños.