Mientras los países de la OTAN están de plácemes por los resultados de la intervención en Libia, pese a que la mayor parte de los analistas sobre el tema estiman que esta región continuará siendo presa de la violencia por años, se olvida que lo sucedido profundiza la distancia que separa las potencias occidentales con Rusia y China, esto muy a pesar que ambos países apoyen la participación de la ONU en la reconstrucción del país norafricano.
Rusia y china no participaron de las actividades bélicas en África, pero desde las discusiones previas a la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, se advirtió que ambos países no estaban de acuerdo con el despliegue de tropas en tierra ni mucho menos con el apoyo a uno de los bandos en medio de la guerra civil. De hecho, el ajuste a estos y otros requerimientos fueron los que permitieron la aprobación de las segundas sanciones a Libia y relativas a la resolución 1973, pero que a la postre fueron burladas en la práctica.
Por su parte, la expectativa de reestructurar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impulsada por países como Alemania, Brasil, India y Japón con el fin de que el organismo interprete el orden mundial de postguerra y de una manera más realista facilite el trámite de controversias entre las potencias, ha quedado igualmente afectada dado que el elemento sobre el que descansaba este ideal, la confianza, fue puesto en cuestión por la laxitud en la interpretación que las potencias occidentales dieron a las resoluciones de la ONU sobre Libia.
Es una situación compleja en medio de vertiginosos cambios como el ascenso de China, el reposicionamiento de Rusia y el escalamiento económico de los países emergentes.
Para entender la envergadura de la transformación política global hay que recordar que hoy, EE.UU. con un PIB de 14,7 billones de dólares puede invertir en “defensa” más de 687 mil millones de dólares anuales, es decir, cerca del 5% de su PIB y alrededor del 40% del gasto en defensa del planeta. Pero qué pasará cuando China alcance el PIB de EE.UU. en unos pocos años?
El comparativo económico entre EE.UU. y Rusia no cabe, sin embargo, en el nivel militar ambas son potencias nucleares y preexiste la capacidad de destrucción mutua en caso de desatarse una guerra atómica entre ambos países, un fantasma que adquiere peso dado el nuevo rol que adquiere Rusia en el contexto internacional.
No son estos dos elementos suficientes para recordar que lo que fue el mundo en los últimos 20 años ha cambiado?
Los estadounidenses deben comprender a su vez que la retórica de la democracia tal como la utilizada en Libia tiene sus límites si se le compara con la diplomacia de las inversiones económicas de China e incluso las ventas de insumos energéticos y armas de Rusia.
No hay que olvidar que la práctica de la violencia genera una doble trampa que puede llevar por un lado al aislamiento y por otro, al requerimiento del uso de la fuerza como medio frecuente para la garantía de la actividad comercial, ambos factores que en el pasado han preludiado momentos históricos tormentosos.