Los más recientes reportes internacionales sobre la situación de Libia, confirman que las revueltas populares han evolucionado al nivel de choques armados entre autoridades fieles a Muamar Gadafi y grupos opositores.
Aunque EEUU, la Unión Europea y Rusia han jugado sus primeras cartas condenando la represión de las fuerzas de seguridad libias contra los manifestantes, lo que permitió la expedición de la resolución del Consejo de Seguridad, en donde se conmina al país a un embargo de armas y al congelamiento de los activos de la familia Gadafi en el extranjero, lo cierto es que el tinte de la actual situación hará más difícil la consecución de nuevos acuerdos.
De entrada, es posible avizorar el distanciamiento de China, que pese a no utilizar su poder de veto en la votación sobre las sanciones al gobierno libio, es el único de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad que ha llamado al diálogo evitando la retórica en la que se descalifica el actuar del gobierno norafricano.
Así las cosas, quien tiene la carne en el asador desde el punto de vista de los intereses geoestratégicos como el petróleo es sin duda la Unión Europea, quien percibe cerca del 80% de las exportaciones de crudo de Libia, y que de sobreponerse el gobierno Gadafi de la actual situación quedaría expuesto a una presión importante sobre los suministros de hidrocarburos provenientes de esta región, excepcionales en medio de la escases de combustibles en el mundo, y por su cercanía a Europa Occidental.
Por su parte, la complicación del acceso a estos recursos convierte al occidente europeo en mucho más dependiente de los suministros energéticos rusos, con efectos aun no previsibles y que se pueden manifestar en la consolidación del acercamiento entre la UE y Rusia, hoy en marcha, o en una presión que obligue al viejo continente a embarcarse en una aventura militar en compañía de EEUU en el norte de África.
Otro factor que esta espoleando las superpotencias como efecto de la crisis libia, es el precio del petróleo con cotas que fluctúan en torno a los 100 dólares el barril, lo que según algunos expertos será insostenible para la economía de estos países de permanecer los precios actuales por mucho tiempo.
Quizás esto explique lo precipitado de la propuesta estadounidense en cuanto a considerar la puesta en marcha de una zona de exclusión aérea en Libia, lo que nos colocaría en el contexto de la Iraq previa a la ocupación de 2003, algo que dialoga con la medida unilateral adoptada por EEUU en la que ofrece total ayuda a la oposición, dada a conocer por la secretaria de estado, Hillary Clinton, y con la información que da cuenta de movimientos militares que apuntan a una concentración de fuerzas estadounidenses en el Mediterraneo.
Para completar, en estos días avanza en el congreso estadounidense la discusión sobre la ampliación del nivel de endeudamiento del gobierno federal, que se prevé llegue a su techo a fines de mayo. Algunos republicanos, que se inclinan por recortes sociales más que por ampliación del endeudamiento, a lo mejor se dejen seducir por una expedición belicista al desierto del Sahara.