Hoy resulta usual que los medios de comunicación hablen de crisis. Son de todos los tipos que pudiese imaginarse. Más aún, que hasta hace poco se hubiesen imaginado. Y por momentos, sobreviene la pregunta de que es lo que ha pasado para que se desaten tantas situaciones complejas con tal simultaneidad, y la respuesta es la ceguera humana.
Muy temprano desde 1972, fue publicado el informe “los límites del crecimiento” realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts en EEUU como un encargo del Club de Roma, un grupo de personalidades entre las que se encontraban científicos, economistas, políticos y asociaciones internacionales, donde se previno al mundo de buena parte de los problemas que hoy enfrentamos.
Sintéticamente afirmaba “si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la tierra durante los próximos cien años.”
Han pasado cerca de 39 años, y la humanidad no parece percatarse de los riesgos que representa el continuar con los actuales parámetros económicos, sociales y políticos.
Pensando solo en el tema energético, a partir de 1971 por cada 1% de crecimiento del PIB el empleo de energía primaria aumentó en un 0,6%, lo que nos llevara a que para el periodo 2002 -2030, se presente un incremento de casi el 60% en la demanda de energía primaria y del 100% en el caso del consumo eléctrico, según cifras de la Agencia Internacional de Energía.
En buena parte, esto explica porque no se detendrá el emplazamiento de nuevos reactores nucleares o a que las explotaciones de petróleo u otros combustibles se realicen obviando las precauciones que dichos aprovechamientos tuvieron en el pasado.
De hecho, la producción de petróleo comenzó recuperando el crudo en la superficie terrestre. En los años setentas ya era a 536 metros bajo el nivel del mar, donde inicia la perforación, y hoy, como lo que sucede en el golfo de México, las profundidades antes de la perforación superan los 2400 metros de profundidad; este el parámetro de la plataforma de BP “Deepwater Horizon” que se hundió en abril de 2010 y que más allá de los artilugios tecnológicos, todo apunto a esperar a que la fuga despresurizara la salida de petróleo para poder controlarla luego del vertimiento diario de dos millones seiscientos mil galones de crudo. La emergencia se dio como finalizada solo hasta el 19 de septiembre, tras lo cual, el gobierno Obama determinó una moratoria para nuevas perforaciones en la zona.
De seguro habrá una medida similar para el caso del reactor de Fukushima, en Japón, tan provisional como la medida puesta en marcha por el gobierno estadounidense en el golfo de México.
Parece paradójico, pero la otra crisis, la de la razón, se abatirá tan constantemente como la emergencia y profundización de las demás crisis.