Tras el tratado de Moscú logrado por los presidentes Ronald Reagan y Mijail Gorvachov en septiembre de 1990 se materializó la unificación alemana, país dividido por un muro desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial.
Esta decisión dejó en claro los procesos de reforma que Gorvachov avanzó al interior de la sociedad rusa desde mediados de la década de 1980 tanto en el ámbito económico (Perestroika) como en aspectos políticos y culturales (Glasnost).
Pero lo que sucedió en Europa tuvo efectos a escala mundial. La guerra fría convirtió las disputas entre EEUU y la URSS en tensiones de carácter global y la caída del muro de Berlín y la cortina de hierro dieron apertura a un escenario internacional cambiante aunque favorable a la influencia de Estados Unidos.
Los sectores bajo el paraguas soviético obligados por los sucesos internacionales cocinaron sus propias recetas en busca de la superación del impase, de esta forma se cristalizaron dos tendencias; la una más conservadora, ligada al predominio de la acción violenta, casi extinta en el mundo, y la otra, que privilegió el cambio a través del reformismo.
La reinvención de este último permitió que a menos de una década de los sucesos de Europa Oriental se fortaleciera la tendencia que llevo a la desaparición de los grupos guerrilleros en Latinoamérica a excepción de Colombia y, con sus particularidades, México.
A la postre, y con la antesala de los foros sociales, recordemos el Foro Social de Porto Alegre, se cimento la llegada del “Fenómeno Latinoamericano” visible a fines de la década de 1990, que generó diversas prevenciones en sus comienzos pero que paulatinamente consolida sus realizaciones en iniciativas, ya en el marco económico, en el Mercosur o la Unión de Naciones Suramericana (Unasur).
De entrada la conclusión que hay que destacar es la capacidad de recreación de los movimientos sociales en América del Sur y, esto, aunque en Colombia exista una asignatura pendiente en cuanto a la capacidad de posicionar un proyecto político que este a la altura de los desarrollos y expectativas éticas de las organizaciones sociales. Es algo que urge en medio del colapso del Polo Democrático.
Por su parte, la derrota política de las guerrillas y el giro en las expectativas de la derecha colombiana presagian la llegada, cerca de dos décadas después, de la escena post guerra fría al país, lo que no significa un corte total con el pasado pero si significa un cambio que requiere ser interpretado en tanto sobre estos hallazgos se soportará el nuevo proceso social colombiano por venir.
Los cambios ya están en marcha. Recuérdese que es Juan Manuel Santos quien está solicitando el ingreso de Colombia al Mercosur.