En diciembre del año 2000 y en medio de los temores del mítico Y2K se presentaba el debate en torno a las ideas impulsadas por el influyente escritor Francis Fukuyama, miembro fundador del proyecto para el nuevo siglo americano, derivadas de su libro escrito en 1992 “El fin de la historia”.
Algunos se atrevieron a dictaminar la perpetuidad de la hegemonía estadounidense conforme se rompían constantemente las expectativas en torno a la Nueva Economía mientras con la interconexión continental y mediante la red internet se proclamó la llegada de la “globalización”, la materialización de las previsiones del canadiense Marshall McLuhan en su “Aldea global”.
El apogeo de las punto com hizo pensar en el predominio de la virtualidad por sobre la producción de bienes tangibles. El valor de los portales de internet se comparaba con el PIB de las naciones del mundo. Por ejemplo, una página web dedicada a la venta de libros presentaba un valor superior al PIB de Rusia.
De esta forma, si la riqueza intelectual es inconmensurable, se pensaba, no habría límites al desarrollo humano. Por su parte, descifrar las claves genéticas de la naturaleza, las llaves del paraíso terrenal, hacía pensar en superar las fronteras impuestas a través de toda la historia de la humanidad por la misma.
El siglo XX, el de las guerras, dará paso a un periodo de paz, proclamaban otros.
Hoy, entrada apenas una década de la nueva centuria, nos encontramos observando la distancia que se presenta entre las previsiones y lo dramático de las contingencias. ¿La era de Ícaro?
Atrás quedo el auge financiero de las empresas de la era del “silicon valley”, y en medio de la proclama de la “guerra preventiva” se han realizado campañas militares en el mundo que actualizan la lucha por los recursos. Se habla de la escases del agua dulce, las tierras productivas, los hidrocarburos, de la pesca en el mar, la modificación de la composición química de la atmósfera, luego del cambio climático, y por lo tanto de la acelerada pérdida de la biodiversidad en el planeta.
A esta altura, la revolución de la economía y la producción en el mundo se hace en China a base de carbón quien a su vez financia la actividad de Estados Unidos comprando sus bonos. La demografía se vuelve determinante y se contrasta con la sola excelencia del desarrollo del conocimiento. Como consecuencia, intelectuales estadounidenses destacados como Robert Kaplan, o revistas de opinión como Foreign and Policy hablan del “declive de EEUU”, este precisamente es el título de la portada de su última edición.
No es el primer golpe. Al mundo se le vendió alguna vez que el hombre colonizaría el universo. El “enterprice”, la nave empresa del seriado “Viaje a las estrellas” estimulo la idea de lo ilimitado de las posibilidades humanas.
Pero hoy, en medio de la consciencia que genera el saber que el planeta azul es lo que nos queda, otra forma de globalización, la discusión debería concentrarse en la conservación, un giro de paradigma necesario.
Kioto fue un avance importante en este sentido, quizás posible por la tregua dispuesta por el periodo de hegemonía, pero en una época de nuevas disputas cuando se abrirá paso de nuevo la discusión seria sobre la sustentación del planeta y de la humanidad?