Uno de los mayores problemas en la seguridad de una potencia se presenta cuando por cualquier motivo estallan tensiones militares en las fronteras de la misma.
Entre otras cosas, por ello, la Guerra Fría se caracterizo por los conflictos de baja intensidad donde los contendores EEUU y la Unión Soviética reñían a través de terceros actores en diversos países en el mundo. La excepción a la norma se presentó con la crisis de los misiles en 1962 donde para protagonistas como el entonces Secretario de Defensa estadounidense, Robert McNamara, el mundo tuvo el mayor riesgo de vivir nuevamente la experiencia de la detonación de armas nucleares tal como sucedió en 1945.
Esto, porque sin duda la tensión recientemente actualizada entre las coreas es un tipo de conflicto bien diferente en cuanto a sus compromisos geopolíticos y de seguridad se refiere, no comparables con la casi nula conflictividad entre potencias que involucraron las aventuras militares que sobrevinieron a la caída de la Cortina de Hierro en los Balcanes, la primera y segunda guerra del golfo y Afganistán.
Más bien tiene paralelo con los sucesos de 1962 en el Caribe. Un incidente que termina por enfrentar dos potencias en zona de frontera de una de ellas y, de por medio, el peligro del uso de armas nucleares. El contraste en la comparación, pero que hace todo más complejo, es que norcorea a diferencia de Cuba tiene control operacional sobre el uso de los armamentos atómicos.
En medio del nerviosismo generado a ambos lados del paralelo 38, no ayuda mucho la realización y extensión en el tiempo de las maniobras militares de Estados Unidos tanto con Corea del Sur como con Japón, más aún, por la inconformidad mostrada por China ante los ejercicios.
Si se observan los mecanismos de normalización de la situación, el acierto parece estar del lado chino en tanto que el país asiático promueve la apertura de conversaciones que integren tanto el análisis de las hostilidades recientes como el tema propiamente nuclear con norcorea, a través de las negociaciones a seis bandas entre EEUU, Rusia, China, Japón y las coreas del Norte y del Sur.
Al parecer, Obama sigue observando el atlas político de la era Bush y del “eje del mal”, buscando sin mayores resultados el aislamiento y rechazo de norcorea por parte de China.